Política

La polución digital

agosto 15, 2020

¿Cuándo fue la última vez que usted recibió una carta de un ser querido por correo postal? El correo electrónico es, sin duda, una de las herramientas más potentes que la tecnología ha puesto a nuestra disposición para aumentar la productividad. Mandar documentos, fotografías, archivos y mensajes desde cualquier lugar en unos segundos, ha cambiado nuestras vidas a nivel personal y profesional.

El correo electrónico reemplazó al impreso y hoy es una actividad cotidiana; sin embargo, la facilidad de usar el email como medio de comunicación y conexión inmediata tiene un costo.

Poner orden en nuestro espacio físico es habitual y necesario para todos nosotros, sin embargo, ¿qué pasa con la basura que no se ve? ¿qué ocurre con los espacios de almacenamiento virtuales que mantenemos, sin la menor consciencia del impacto global que generan?

No todos somos conscientes de ello, pero un email tiene un costo ecológico. Cada correo electrónico almacenado, produce diez gramos de Dióxido de carbono (CO2) al año. La cantidad parece pequeña, pero si tenemos en cuenta que cada día se envían en el mundo 293,000 millones de emails, según cifras de El País (2019), la cosa cambia. Y lo que es peor, el 90% de los correos recibidos son spams y el 60% de las newsletters enviadas no son abiertas nunca. Todos los días, el spam llega de forma sistemática a nuestra bandeja de entrada y esto implica gastos energéticos de millones de kilovatios que aumentan las emisiones de CO2. Esto es equiparable a la contaminación que producen cerca de 4 millones de automóviles.

La polución digital hoy en día es más importante que la que provoca la aviación civil: una empresa compuesta de 100 personas genera cada año aproximadamente 13,6 toneladas de CO2, lo que representa la contaminación provocada por 14 vuelos ida y vuelta de París a Nueva York. Impresionante.

En un mundo fascinado y cada vez más abstraído por las tecnologías de la información (TIC´s), nuestras actividades virtuales afectan al medioambiente, pues implican un gasto de energía que se traduce en emisiones de dióxido de carbono (CO2). Por otra parte, internet, necesita una infraestructura física de antenas, equipos de soporte, cableado y antenas que necesariamente requiere electricidad para funcionar.

Claro, ver una película en una plataforma de streaming, utilizar redes sociales o descargar un video no lo convierte usted en un ecocida. Es cierto que el daño por la actividad individual es mínimo, sin embargo, cuando se trata de millones las personas usando las herramientas que proporcionan las TIC's, la cosa cambia. Una investigación

del grupo de expertos en el cambio climático The Shift Project informó que más del 4 por ciento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero se generan por las TIC's.

Asimismo, la Organización Meteorológica Mundial reveló que en el 2018 estos gases tan dañinos -el CO2 encabeza la lista- alcanzaron una concentración histórica. Para el año 2030, se proyecta que las TIC´s podrían usar hasta el 51 por ciento de la electricidad global y esto podría contribuir hasta el 23 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial, de acuerdo a datos de la investigación On global electricity usage of communication technology: Trends to 2030.

Ya en el 2018 el 54% de la población mundial estaba conectada a Internet: estamos hablando de más de cuatro mil millones de internautas. Imaginemos esta cifra actualizada a esta época de pandemia, en que la mayor parte de nosotros permanece en casa, conectados por la tecnología.

¿Qué podemos hacer? Lo primero, es tomar consciencia de que nuestra actividad diaria al usar los dispositivos digitales, contamina. También es necesario limpiar nuestros espacios virtuales, tal como lo hacemos con nuestro espacio físico. Esto implica organizar nuestros correos electrónicos y eliminar sistemáticamente los mensajes de correo que no son útiles. El spam es molesto, contamina y trae aparejada la violación de nuestra intimidad, por la cantidad de datos personales que se manejan sin escrúpulos con fines de publicidad, en el mejor de los casos. Hay que analizar que tanto vale la pena dejar nuestros correos electrónicos como medio de contacto para recibir ofertas, publicidad, información comercial o de cualquier otro tipo. Esa información probablemente nunca la vamos a revisar, pero los emails seguirán llegando de forma sistemática y se almacenarán. Esto contamina a gran escala.

Si cada uno de los usuarios de una computadora comienza un trabajo serio de limpieza, estará liberando de contaminación importante a nuestro planeta. Un ejercicio sencillo que reditúa mucho: hay que cuidar a nuestra aldea global, hasta el día de hoy, no tenemos otro lugar a dónde ir.