Política

Jaques, temores

agosto 07, 2020

Felipe Calderón es un hombre activo en sus afanes, desde teleconferencias con conspicuos representantes de la ultraderecha latinoamericana en las que revela tus apetencias golpistas, hasta la retahíla de tuits en los que diariamente decanta su personal maledicencia en contra del gobierno de la República. Lo hace por dos razones; una, porque realmente lo desea; otra, porque tiene miedo. La detención de su Genaro García Luna, su cercanísimo ex colaborador, y las evidencias en torno a que su guerra anti narco en realidad era una guerra contra los competidores de su cártel predilecto, el de Sinaloa, son claros indicios de que el cerco en su entorno se estrecha.

Quien piense que Felipe Calderón se está quedando solo se equivoca. A Calderón lo respalda la ultraderecha católica mexicana. La histórica, la misma de siempre. Esa que en el siglo XIX se hizo del poder en el nuevo Estado que promovió siempre a Iturbide hasta que la República lo fusiló; la que iba una y otra vez a buscar a Santana a sus exilios para que regresara a gobernar; la que se negaba a separar el interés del Estado de la religión, la que fue por una cabeza coronada a Europa para gobernar el país y se encontró con los ánimos expansionistas de Napoléon III. Y Maximiliano y la invasión francesa, y la República en el exilio y, al final, el cerro de las Campanas y la República Restaurada.

Esa derecha católica que medró como nunca en el papado de Juan Pablo II y fue completamente impune en sus abusos sexuales. Esa es la derecha católica que apoya y secunda a Felipe Calderón y sus apetencias golpistas.

Es el cardenal Sandoval Íñiguez diciendo desde el órgano de difusión, el semanario diocesano, que AMLO tiene la intención de manipular al pueblo, que su gobierno es comunista, que se apropia de la propiedad privada y se convierte en el gestor de todo.

Ahora habrá que decidir entre reírse del trasnochado discurso –más propio de los años álgidos de la Guerra Fría–, sentir pena por los déficits intelectuales de la jerarquía católica jalisciense o hacer escarnio de las limitaciones intelectuales del señor Sandoval Íñiguez.

Apenas unos días antes de que se filtrara la llamada de Felipe Calderón.

La derecha radical mexicana está desesperada. Desde abril quedó registrada la intención de los extremistas cuando Pedro Ferriz de Con admitió en redes sociales que le encantaría un golpe de Estado: "Nada me gustaría más que eso, me hubiera encantado… digo que me encantaría porque este Estado, entendido como el gobierno que está al frente de México, es lo peor que he visto en mi vida…" Luego un grupo de políticos, abogados, intelectuales y activistas, interpusieron ante la FGR una denuncia penal en su contra por traición a la patria por promover un golpe de Estado.

Tienen el agua al cuello y lo saben, especialmente Felipe Calderón, porque la detención de su referente ideológico extremista, Álvaro Uribe, de quien obtuvo la peregrina y genocida idea de la guerra contra el narco fue detenido en Colombia hace unos días.

Entre las detenciones de García Luna y Álvaro Uribe el panorama para el usurpador se complica. Justo es temporada electoral estadunidense y dada la aparente debilidad de Trump en las preferencias electorales, las autoridades estadounidenses bien pueden hacer una ofrenda propiciatoria al presidente mexicano con miras a granjearse al electorado México-norteamericano. Aunque solo sea por razones electorales. Si se diera el caso, las probabilidades de un mega proceso en México se reforzarían. Eso implicaría, entre otras cosas, la exposición de los acuerdos y operativos de Calderón con los demócratas en el marco de la guerra contra el narco, los muchos Rápido y Furioso que hicieron, por ejemplo. Y entonces sí, como dijo Trump, drain the swamp. Se entiende, pues, la inquietud golpista. Zafios.