Política

De la disrupción tecnológica a la disrupción sanitaria

agosto 06, 2020

Ceteris Paribus

Un elemento es disruptor cuando cambia la forma en que la sociedad realiza una acción. En la historia de la humanidad ha habido eventos disruptores que han traído cambios profundos en la estructura económica, social y cultural. Aquí solo abordaré algunas transformaciones económicas, de educación y de salud que se visualizan.

Esta disrupción sanitaria, provocado por el COVID, está cambiando ya la estructura económica. A estas alturas, ya se ve quiénes son los ganadores y perdedores, incluso en este momento están surgimiento nuevos sectores económicos ligados a la inteligencia artificial, que aprovechen las ventajas derivadas de la digitalización de la economía y las redes sociales.

Junto con las miles de vidas humanas, muchos negocios están muriendo con la pandemia. Los negocios que no se adapten a la nueva circunstancia generada por el cierre parcial de la economía simplemente tenderán a desaparecer. Ante esta circunstancia, no queda otra opción más que la de reinventarse.

Los negocios que están floreciendo son los que están aprovechando la digitalización de la economía y la fuerza de las redes sociales, encontrando maneras novedosas de seguir haciendo negocio en medio del cierre de la economía. Las redes sociales son una forma muy efectiva de llegar a los clientes encerrados en casa.

No es casualidad que el comercio electrónico, por ejemplo, haya tenido un avance espectacular. Quizá de forma muy forzada, pero el hecho es que mucha gente está venciendo las resistencias y desconfianzas a utilizar estas plataformas digitales para realizar transacciones económicas y financieras. De repente, en el encierro, violá! la gente se dio cuenta de que estas plataformas les hacen la vida más fácil y de que se puede tener un grado de confianza razonable en ellas, lo que, a su vez, incentivará aún más estas transacciones en el mediano plazo.

Así como en la naturaleza hay estaciones del año, en la economía hay ciclos de auge, depresiones, caídas, recuperaciones, lo que a su vez, trae amenazas, pero también oportunidades. Una de ellas es el desplome inmobiliario en México. Abundan los anuncios de "se renta", "se vende", precisamente porque muchos negocios se vinieron abajo en este cierre de la economía; simplemente no supieron reinventarse. Pero en donde unos ven crisis, otros ven oportunidades. Los más visionarios aprovechan el desplome para hacerse de propiedades, sabedores que no hay mal que dure cien años.

Otra transformación es en la forma de aprender y enseñar a través de medios digitales. Así, en unas cuantas semanas, las instituciones de educación, privadas y públicas, y de los más variados niveles educativos, migraron sus contenidos a una plataforma virtual, venciéndose también el temor y las resistencias de docentes, alumnos y directivos escolares para confiar en su uso.

Esta pandemia también modificará la forma de ver y entender a la salud. Ahora somos conscientes de que nosotros somos los "productores de salud", pues ésta, la salud, no es algo que llegue de la nada, sino que se trata de algo que el individuo debe generar con estilos de vida saludables.

De esta forma, de nada sirve tener más hospitales, más equipo médico y, en general, más presupuesto destinado al sector salud si los estilos de vida no cambian. En suma, uno debe hacerse responsable por su salud. Es cierto, el gobierno tiene obligación de proveernos de información para llevar estilos de vida saludables y conocer hábitos que son perjudiciales para nuestro cuerpo. Pero esta información de nada sirve si como individuos no las aplicamos. Es por eso que señalo que somos "productores" de ese estado deseado que es la "salud", término entendido como el estado físico, mental y espiritual que trae bienestar a la persona.

Por otro lado, la transición epidemiológica (de enfermedades infecciosas a crónico-degenerativas) y demográfica (hacia una población más longeva) están poniendo en predicamentos la viabilidad financiera y del sistema de salud público. Institutos como el IMSS o el ISSSTE tienen la presión de financiar enfermedades más costosas y por más tiempo, amén de mantener a una población que está por jubilarse o está pensionada.

Esta toma de consciencia, de que la salud es nuestra responsabilidad, traerá no sólo beneficios personales, sino colectivos, al reducir las presiones al presupuesto público de salud.

Hoy queda claro que una población sana produce más y ahorra costos al sistema de salud al evitarse el "paro en la producción" por enfermedad y el gasto en atención médica. Tal parece que nos acercamos a una era en donde se deberá subsidiar o premiar hábitos sanos, pues es evidente que la prevención es mucho menos onerosa que tratar de remediar un mal de salud ya hecho.

A este respecto, el mismo presidente Obrador ha señalado la urgencia de incorporar en los planes de estudio de educación básica aspectos de auto-cuidado de la salud y hábitos saludables. Y es que para nadie es un secreto que México es de los primeros lugares en obesidad, en especial la infantil. Es, sin duda, una noticia positiva que se tome acción, aunque llega muy tarde: hoy México tiene una alta incidencia de comorbilidades, diabetes e hipertensión entre las más destacadas. Pero como dice el dicho: más vale tarde que nunca.

Parece irónico pensar que el resultado final de la pandemia del COVID será una humanidad más fuerte desde el punto de vista inmunológico. En la naturaleza, por ejemplo, los rebaños de herbívoros débiles y enfermos son los que suelen ser presas de los depredadores, depurándose la población de estos animales a solo los más fuertes y resistentes.

Desde luego que este resultado final, desde el punto de vista biológico, es relativamente fácil de explicar, pues se trata de animales. Sin embargo, explicarlo a una población humana no sólo puede ser tachado de insensible, sino políticamente incorrecto. Hay un gran sufrimiento humano en este proceso, pues estamos hablando de que familiares y amigos entrañables se van de nuestras vidas. Desde luego, la selección natural no conoce de cosas "políticamente correctas" o "explicaciones moralmente aceptables".

Con tristeza, se observa que la generación del baby boom (los nacidos después de la II Guerra Mundial y hasta los años 60`s) se nos están yendo poco a poco. Ese mundo estable y con certidumbre en el que ellos vivieron y crecieron, cambió radicalmente durante su vejez. Hoy los que toman la estafeta de este nuevo mundo es la generación de los millenials (los nacidos en los 80's y 90's).

A pesar de la tragedia sanitaria, se genera una doble oportunidad; una a nivel gubernamental y otra a nivel personal. Por la parte gubernamental, los hacedores de políticas públicas caen en la cuenta de que la salud es el activo más preciado que tiene una sociedad. Sin salud, todo lo demás cae. Las transformaciones realizadas por Obrador para romper el monopolio nacional en medicinas, es un paso para fomentar la competencia y conseguir más medicamentos a mejores precios. Al final de cuentas, usted cuando enferma y va al hospital público, ¿Prefiere tener el medicamento correcto o ver si está hecho en México?

Por la parte personal, es una oportunidad para ser más conscientes de nuestros hábitos y de reconocer que la salud es resultado de nuestros estilos de vida. Hasta que no nos hagamos conscientes de ello, seguiremos siendo menores de edad, creyendo que todo es culpa de los demás o del gobierno. Es pues, necesario empoderarse y ver que producir la salud no es por obra y gracia de López Gatell, sino, en gran parte, producto de decisiones individuales.

Esta gran emergencia sanitaria hace recordar la gran peste negra que asoló a gran parte de Europa y otras regiones, y que llevó a cambios en la estructura social, cultural y económica que, a la postre, llevó al Renacentismo en Europa. ¿Estaremos por entrar a una época de oro para la humanidad? Solo el tiempo lo dirá.

* Licenciado en Economía, con Maestría en Administración y Políticas Públicas, y Doctor en Finanzas Públicas.