Política

A buen entendedor

agosto 05, 2020

Los escenarios sociales y económicos impuestos por la pandemia son harto complicados.

Con todo, los expertos del sector privado pronostican que la economía mexicana tendrá un brinco este trimestre; el PIB crecerá a una tasa de 7 por ciento respecto del segundo trimestre. No es sorpresa, ya hay diversas variables en las que se percibe una mejoría clara en julio respecto de junio, como ocurrió de mayo a junio.

En el cuarto trimestre del año, de acuerdo con el mismo sondeo publicado ayer por el Banco de México, la economía volverá a crecer en 6 por ciento respecto de la cifra del tercer trimestre.

Así, a contrapelo de la magnitud del desastre, algunas cosas pintan para mejorar en lo económico. Éstos son tiempos no de competencia ni de ganancias a costa de la pérdida del otro, sino de relaciones colaborativas y solidarias.

Algo similar pasa con la captura de El Marro, finísima persona de claras sociopatías y violencia que desde hace más de una década asolaba el estado de Guanajuato.

Ayer, el secretario de la Defensa narró el capítulo de la detención. El violentísimo criminal que declaró la guerra al Estado mexicano luego que las fuerzas federales detuvieran a su madre fue capturado en 15 minutos.

A los 45 minutos de haber capturado al señor Yépez, fue puesto a disposición del agente del Ministerio Público. Desde que inició el operativo hasta que terminó con la entrega transcurrieron cuatro horas con 15 minutos. La captura fue posible porque hubo un trabajo sistemático de inteligencia, de obtención de información y de análisis; así como de la generación de inteligencia de las autoridades de Guanajuato.

Se ubicaron los cuatro inmuebles posibles donde solía pernoctar el líder delincuencial; se pusieron bajo observación durante 72 horas. A las dos de la tarde del 1° de agosto obtuvieron indicios del arribo de El Marro a una de las casas vigiladas. La presencia de una camioneta negra asociada a sus movimientos confirmaba su llegada. Se tenían las órdenes de aprehensión pero no se tenían las órdenes de cateo. Se tramitaron.

En la contundente intervención no se disparó un tiro. Ni Yépez ni los otros cinco delincuentes se resistieron al momento de la detención. La diferencia entre utilizar una fuerza abrumadora y la violencia a secas.

Los observadores de derecha sugieren posibles reacciones no deseadas por la eventual atomización del cártel. Así pasó con el descabezamiento de diversas organizaciones territoriales criminales durante la guerra de Calderón. Es posible pero improbable.

El peligro parece estar más del lado de las reacciones del pacto de complicidades que del lado de los remanentes del Cártel de Santa Rosa de Lima. Falta por ver lo que sucede con el CJNG, némesis de El Mencho.

Lo cierto es que desmontar el entramado criminal es laborioso. Pero si nos atenemos a la oleada de nuevos auto exiliados y escondidos, hay razones para pensar que el pacto de complicidades hace agua.

Quince minutos llevó la captura. Habría que preguntarles muy seriamente tanto a las actuales autoridades de Guanajuato como a las de los gobiernos de Calderón y de Peña Nieto por qué demonios no lo hicieron.

Por cómplices.

Se entiende ahora por qué la andanada contra López Gatell; no tienen argumentos. Y ahora tampoco cara. Nervios, le llaman a eso.

Por Hiroshima.