Política

Una pesadilla femenina demasiado frecuente en un estado de impunidad patriarcal integral

agosto 04, 2020

En la edición de ayer lunes, La Jornada Veracruz publicó en su contraportada un reportaje del reportero Carlos Hernández sobre el caso de una periodista y cineasta norteamericana, Christen Minnick, hasta hace unos días avecindada en Coatepec. No lo es más porque tuvo que abandonar el país por los abusos de su pareja sentimental, dueño de un centro de propósito múltiple que transita sin inhibiciones de cafetería a academia de baile más algunas otras cosas.

Hace cosa de un año la periodista llegó a Veracruz. Notoriamente sentía gran afinidad con el estado si nos atenemos a lo que dice en sus redes sociales. Hace unos meses estableció una relación sentimental. El tipo le pidió matrimonio y una cantidad significativa de dinero porque, a su decir, la tradición es que la familia de la novia costee la celebración de la boda.

Al poco tiempo de convivir fue aislada y prohibida de hablar con otros hombres. En algún momento fue abofeteada y –en el típico cuadro del abusador– se mostró arrepentido y rogó por ser perdonado. Pero los abusos continuaron y aumentaron en peligrosidad. La familia del hombre lo excusaba frente a Christen.

En algún momento la cineasta interpuso una denuncia en la fiscalía de Coatepec. Ahí ni siquiera hicieron el intento de ofrecerle un traductor, tampoco le ofrecieron un abogado ni se comunicaron con el consulado norteamericano para notificar la situación de la ciudadana norteamericana. La fiscal, de la cual se reporta el nombre en la nota aludida, hizo nada por los dos meses siguientes mientras los abusos continuaban y aumentaban en riesgo para la periodista.

Por su seguridad se fue del país y volvió acompañada de sus padres para interponer una denuncia. Lo hizo sin resultados. La denuncia está congelada.

A mediados de julio topó con el ex suegro y por la noche fue atada y golpeada dentro de su habitación por dos desconocidos. Uno de ellos, por su comportamiento y sus dichos, muy probablemente fuera su ex pareja. Le robaron documentos dinero y teléfono móvil. Puso una segunda denuncia que también permanece como letra muerta. Y hay otras tres denuncias igualmente estancadas en contra del abusador.

¿Qué es lo que tiene que pasar en este estado para que, con todo y una fiscal mujer, las estructuras encargadas de la procuración de justicia, especialmente en lo que a mujeres compete, tomen su trabajo en serio más allá de perezas congénitas personales y disfunciones institucionales?