Política

Mirar pa’ dentro, cambiar el paradigma

julio 30, 2020

Los partidos de oposición, esos que firmaron el Pacto Por México –ese marco legitimador del saqueo institucionalizado que despedorró al país el sexenio pasado–, están enojados por la reforma política recientemente aprobada en el congreso veracruzano. Tiene sentido, los partidos políticos reciben ingentes cantidades de dinero para su financiamiento.

Se inconforman apenas un par de días antes de que el gobierno federal reportara una pérdida neta de 44 mil millones de pesos en el segundo trimestre del año, la cual obedece a la carga criminal con la que cargaron a Pemex en turbios negocios con la corruptora Odebrecht. El importar materia prima para alimentar la planta de Etileno XXI y dársela a precio subsidiado a costa de la Hacienda Pública. Dicho de otro modo, los ex gobernantes mexicanos Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto permitieron, avalaron, e incluso promovieron operaciones con la intención deliberada de debilitar al Estado mexicano, de desarmarlo y luego apropiarse de su riqueza.

Eso fueron las reformas estructurales que hicieron nugatoria la Constitución mexicana. Incluso la reformaron para facilitar la apropiación de la riqueza pública a costa del bienestar público. Los costos en salud, educación, bienestar y soberanía han sido altísimos. Lo hecho por los gobernantes del país desde que llegó Miguel de la Madrid en 1982 es una traición a la patria sistematizada, sistémica, sostenida; es una conducta repetida por la friolera de 38 años.

Continúan fluyendo evidencias que durante los últimos 38 años el país fue gobernado por una élite heredera del viejo régimen revolucionario al que traicionaron. Esto sucede en la mitad de una pandemia universal que mantiene la economía mundial parada y profundamente afectadas las economías nacionales.

Sorprendentemente los gobernados mexicanos se mantienen tranquilos frente a la configuración de escenarios muy complicados. Eso es atribuible a un factor subjetivo pero determinante: la percepción mayoritaria de los gobernados es de confianza en el gobierno actual. Si nos tenemos a la opinión pública expresada en redes y en medios formales, pareciera ser atravesada por una suerte de inflexión en la percepción de la realidad.

La crisis económica es claramente una inflexión que rebasa por mucho el ámbito nacional. No podemos hacer mucho para modificarla. Lo que sí puede hacerse es reconstruir y promover en el nivel local las relaciones colaborativas. Los comedores comunitarios, los dispensarios, los huertos, el consumo local. Como país debemos desmontar la ilusión global primer mundista de pertenecer a la OCDE y regresar al consumo local y la sustitución de importaciones.

La mezquindad de la oposición es agobiante, completamente ajenos a la pobreza multidimensional a la que contribuyeron a dispersar entre los mexicanos. Son tiempos de limpieza y de complicaciones por la crisis económica mundial. La prioridad es adentro, fortalecer el mercado y las cadenas de producción internas y romper con la distorsión de la globalidad. Volver al mercado y la prioridad interna, pues.