Política

El sistema infecto

julio 23, 2020

Emilio Lozoya representa toda la estructura podrida y lo más granado de un grupo de tecnócratas, hijos del viejo sistema de complicidades que, educados como élite, desmantelaron Petróleos Mexicanos. Lo hicieron para su beneficio y dando las espaldas, traicionando a la nación.

Llevó a su bolsillo y el de sus amigos la riqueza y ganancias adicionales que pertenecen al país. Con todo y el desgaste impuesto a la empresa por los cuatro gobiernos de neoliberalismo radical anteriores, lo hecho por Lozoya en el gobierno de Enrique Peña Nieto es de dimensiones pantagruélicas: el saqueo del activo más importante de la nación.

Por eso es tan vital, tan sustantivo, que el caso Lozoya se procese de buena manera, de forma impecable. Lozoya no es un chivo expiatorio, un paliativo para calmar reclamos sociales electorales. Por el contrario, Emilio Lozoya es el kernel, la pieza fundamental del entramado operativo montado para transferir la riqueza pública a bolsillos privados.

Lozoya no es un mero caso de corrupción, es el eje de empuje de la maquinaria corrupta de cuello blanco. Para su existencia tenía que repartir y lo hizo, permitió a empleados subordinados y a los sindicatos y organizaciones criminales instrumentar el saqueo sucio, el tosco huachicoleo de ordeña, mientras que los delincuentes de cuello blanco colocaban buque-tanques en el mercado spot de alta mar.

Lozoya es el principio de la madeja del hilo de Ariadna, el que orientará las investigaciones sobre cómo una pandilla de delincuentes sofisticados, de buena educación pero de mala cuna, devastaron a una nación por décadas, empobrecieron a su población y la endeudaron por generaciones. Por eso es sustantivo que el proceso de Lozoya no se quede en las acusaciones iniciales. Que éstas sirvan para trazar el mapa de relaciones de notables que conspiraron para privatizar lo público y apropiárselo. Son tan impúdicos que hasta se dejan reclutar como empleados de las empresas trasnacionales que se beneficiaron de sus gobiernos. El caso de Zedillo es referencial, ahora es socio de las ferroviarias que benefició al privatizar Ferronales. Grotesco.