Política

Los pobres intelectuales mexicanos contra el presidente de México *

julio 22, 2020

El manifiesto contra el Presidente de México publicado y firmado por algunos intelectuales, académicos, escritores y periodistas, es muy acertado porque define con precisión el momento histórico que vivimos en consonancia con otro momento igualmente significativo de nuestra historia, y que ya se ha señalado: cuando Madero llega a la presidencia se crea un frente de los intelectuales contra él y se siembra el huertismo.

La tradición de los intelectuales mexicanos modernos es compleja, pues si bien tenemos figuras gigantescas en la Reforma y en la misma Revolución, grandes escritores y tribunos y protagonistas incluso de acciones militares, existe el linaje de los que han entregado su talento y su fiereza lingüística, a los poderosos que han ilustrado el paso de los regímenes que produjeron las condiciones en que nos encontramos: 38 millones de pobres extremos en el país.

El huertismo es el primer episodio de una tragedia que produjo más de un millón de muertos en la guerra civil, que concluyó en 1924, cuando los revolucionarios armados por fin consolidaron un Estado basado en el Partido de la Revolución Mexicana que se convertiría con los años en Partido Revolucionario Revolucionario Institucional.

De allí para adelante tendríamos una continuidad pacífica salpicada aquí y allá por acontecimientos de violencia, rural y urbana, siendo el mayor, tal vez, la Guerra Sucia, de Luis Echeverría.

Este primer ciclo del partidazo termina cuando el PAN llega a la presidencia, el eterno y acomodaticio opositor que legitimaba nuestra democracia.

Durante los sexenios de Miguel de La Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto (los treinta años que tienen el común denominador del neoliberalismo o el capitalismo financiero coincidente con la digitalización tecnológica) la desigualdad en nuestro país (lanzado como potencia económica) se ha propagado al tiempo de una guerra civil soterrada, el terrorismo de los cárteles en combinación con las fuerzas y autoridades de la seguridad ( Genaro García Luna- Calderón).

Los teóricos e historiadores de la guerra ponen como índice para el cálculo de la violencia que caracteriza a una guerra civil, 500 muertos al año en acciones armadas, México las supera con creces.

En este ciclo histórico de cinco sexenios que marcan la accidentada transición democrática, la intelectualidad mexicana se expresaba fundamentalmente en tres tribunas, Vuelta, de Octavio Paz , Proceso de Julio Scherer y Nexos, de Héctor Aguilar Camín.

Eran columnas muy bien dibujadas de intelectuales en la acción editorial, periodística, académica e institucional.

Octavio Paz es el más destacado periodista cultural de la segunda mitad del siglo XX mexicano. Realmente su figura crece cuando vemos el desarrollo que han tenido sus discípulos.

Si bien es cierto que Paz convivió, disfrutó y usufructúo con los regímenes de la Revolución institucionalizada, nunca nos lo podríamos imaginar como activo en una conspiración aliado con las fuerzas más oscuras, contra un partido político y unos personajes públicos, como lo hizo Enrique Krauze en la ya bien conocida conjura informática en la que participó antes de las elecciones de 2018.

El caso de Aguilar Camín afortunadamente para él no ha llegado a tanto, ser activo conspirador y abierto difusor de las voces más peligrosas para el bienestar de los ciudadanos, los que votamos en mayoría por la actual presidencia y cámaras legislativas.

El argumento que esgrimen en su manifiesto estos dos líderes de intelectuales, es preocupante no solamente por su adjetivación sin fundamentos, no hay argumentos, como siempre, en sus manifiestos políticos, sea como grupo o como individuos. Solamente calumnias, que es el alegato sin razones expuestas para ser refutadas en un nivel conceptual y estadístico.

Hicieron trampa, violaron la Constitución es la acusación.

No son la mayoría auténtica (aunque sí legal) los gobernantes y diputados y senadores de Morena, son ilegítimos.

Los mexicanos todos debemos estar alertas.

Tenemos dos antecedentes que arrojan luz sobre lo que está pasando. Octavio Paz y Julio Scherer encabezaron una época brillante del periodismo mexicano y miren lo que sus descendientes han hecho con su prestigio, con su inteligencia.

Paz habló siempre de frente, fue un intelectual de buena cepa (realmente honraba a sus antepasados revolucionarios). Airado, terco, claridoso, siempre consciente de la trascendencia de las aspiraciones más acendradas de la nacionalidad, sin ser nacionalista. Por eso pudo expresarla.

En el caso de Scherer es lamentable lo que han hecho con su legado sus herederos. La ideología de Scherer no fue de izquierda, a la manera de Paz, que si bien no era un izquierdista de etiquetas, siempre fue un interlocutor de todas las izquierdas, atento y crítico. No descalificó nunca a priori, ni adjetivó ociosamente como el inventor de la "democracia sin adjetivos". Mantuvo una postura sí, muchas veces convenenciera, por supuesto, como todos los protagonistas de los regímenes modernos de la Revolución, pero a ojos vista, no cueveada, no mal intencionada.

La revista Proceso es inexplicable que tenga el nombre de Scherer y Vicente Leñero en su directorio. Fundadores. Realmente deben estar llorando a lágrima viva los dos amigos en el palacio de lo desconocido.

En el No. 2279 hay un reclamo a la revista de su hijo, Julio Scherer Ibarra. Recibió un ataque desde sus páginas. De risa loca. Se queja el heredero de un padre riguroso, meticuloso, feroz, sí, pero objetivo e imparcial, pues Scherer pensaba que el periodismo se realiza en sus propios valores, en su estructura técnica misma, en su propia constitución lingüística, multigenérica, escritural. Su obra periodística es un corpus denso, nutritivo; sus libros son un compendio de Realidad, prosa única que no se ha igualado desde entonces.

Y su trabajo de lustros con el mejor equipo de escritores contemporáneos ¡Fue vendido a alguien! ¿A quien? No es difícil adivinarlo leyendo sus páginas falsificadas. Por eso el reclamo de Julio Scherer hijo no puede ser más ridículo, es lastimoso que uno de los esfuerzos más valientes y continuados de periodismo crítico, lúcido, propositivo, haya terminado en una publicación no solamente de precaria profesionalidad sino declaradamente derechista. Y allí está encabezando el directorio el nombre del Francisco Zarco contemporaneo, como le llamaban algunos de sus colegas.

El caso de Letras Libres es diferente. El heredero de la tradición periodística de Paz fundó su propia publicación y ahí la tenemos como referente importante del humanismo que cultivó Paz. Sin embargo se trata de una estructura que está fincada en las empresas privadas y en los presupuestos públicos más que en los lectores. No hay más voces que las nuestras, parecen decir en su depurada, decantada, filigranesca lista de colaboradores.

Ya también esta documentado cómo tanto Letras Libres y Nexos facturaban a grandes tajos en las variadas oficinas de gobierno. En este último caso, está también documentado el tramo que vivió Héctor Aguilar Camín con el salinismo y las notas económicas de lo que facturó y el propio Salinas hizo circular cuando se sintió traicionado por su socio.

En fin, estamos en un momento importante porque lo orgánico, ese concepto gramsciano para señalar a los intelectuales conjuntivos del poder del Estado y las clases superiores económicas, cobra todo su sentido cuando vemos los que ellos escriben en este momento tan dramático para el pueblo de México.

La lista de los firmantes es muy escasa. No son muchos nombres. Sorprende que sean algunos historiadores profesionales y muy reconocidas sus aportaciones, los que piensen que la Cuarta Transformación es un "supuesto".

Sorprende que hayan redactado o avalado una redacción donde está ausente por completo el rigor histórico. Claro, necesitarían colocar en cada término que usan un número de pie de página, donde explicaran por qué dicen lo que dicen. Sería caro el espacio contratado, pero quizá ahora nos lo puedan explicar en sus ensayos y colaboraciones.

La cuarta transformación es un concepto muy creativo, pues el Presidente, no hay que perderlo de vista, es un historiador, un escritor con el nivel o más de ellos.

Un escritor con más de quince libros. Si fueran estos intelectuales sinceros, si consideraran que lo que está haciendo el gobierno es una acción de musculatura múltiple para enfrentar tantos factores adversos, tanta ruina y confusión que dejaron los gobiernos que los beneficiaron, podrían hacer llegar su palabra a los ciudadanos que están completamente apartados de la lectura. Sus publicaciones no han sido atractivas para los jóvenes, la circulación de sus revistas es reducida, insignificante en relación con la población alfabetizada. Si estos intelectuales fueran sinceros reconocerían que estamos en un desierto que crece, y que ellos, con estas conjuras siembran espinas.

No están dispuestos estos intelectuales a ceder un milímetro en sus privilegios afectados por el recorte presupuestal. Ellos ven sus bolsillos y en la pantalla lejos, muy lejos, la incertidumbre y el sufrimiento de tantos mexicanos que tienen la esperanza y la certeza de que por fin, están siendo, primero los pobres.

*Académico del Centro de EcoAlfabetización y Dialogo de Saberes, Universidad Veracruzana