Política

Política Económica

julio 22, 2020

◗ La Cuarta Transformación del Istmo de Tehuantepec

La Segunda Transformación

El espacio geopolítico fue valorado por los mexicanos del siglo XIX como un posible estado, el de Tehuantepec, pero no prosperó esta visión unificada de la región que tal vez hubiera favorecido su desarrollo posterior. Se trata aquí de una hipótesis factual. No obstante, la mirada capitalista ya no habría de borrarse de su horizonte transístmico:

El 7 de septiembre de 1857 el gobierno de México ‘Concede privilegio a la Compañía formada en Nueva Orleans, el 30 de julio del presente año, llamada Compañía Luisianesa de Tehuantepec, para la apertura de la comunicación interoceánica por el istmo de ese nombre (...) MacLane, ministro extraordinario y plenipotenciario en México, y amigo íntimo de los accionistas de la Compañía Luisianesa, reconoce al gobierno de Juárez en abril de 1859. El Tratado MacLane-Ocampo fue el precio de este reconocimiento firmado en diciembre de ese año. (Sólo que) Estalló la guerra civil en Estados Unidos y el plazo para ratificar este tratado terminó.

Sin mayores consecuencias entonces por ese lado, la proyectada modernización regional fue iniciada entonces por Porfirio Díaz, quien cedió la concesión al famoso inglés Pearsons, a través del trazado del Ferrocarril Interoceánico y el contratado perfeccionamiento inglés de los puertos de sus extremos (Coatzacoalcos y Salina Cruz), para establecer un puente comercial de Hawái y San Francisco a New York transportando azúcar de Hawái y caucho y maderas producidas en el istmo en 1907. El sistema de transporte fluvial de la época aprovechaba no sólo el Mississippi, sino que el sur de México fue utilizado por multitud de embarcaciones pequeñas que circulaban por los afluentes del Papaloapan, Coatzacoalcos, Uxpanapa, Usumacinta, Grijalva, promoviendo tanto un intenso comercio local y regional, como el internacional, condiciones todas que permitieron a los extranjeros diseñar los primeros escenarios para el uso comercial y de transporte de pasajeros del istmo de Tehuantepec, combinando este transporte fluido con el ferrocarril.

Los resabios norteamericanos terminaron en el año de 1937, cuando Lázaro Cárdenas "deroga el artículo octavo del Tratado de Límites celebrado entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América en la ciudad de México el 30 de diciembre de 1853". Así acaba con la pretensión estadounidense sobre los derechos del istmo de Tehuantepec.

La Tercera Transformación

La historia particular de la región, y particularmente de Minatitlán (ciudad experimental de la historia mundial del desarrollo económico, si las hay) –ex capital del territorio de Istmo de Tehuantepec– nos muestra con extrema claridad, como si fuese una cápsula del tiempo que encerrara el término progreso, tan caro a la mentalidad económica y social de la primera mitad del siglo X, –y tan valioso para la ideología posrevolucionaria, que lo enarboló como bandera de su política transexenal–. En efecto, esta cápsula encierra sucesivos cambios alternados de riqueza natural, riqueza comercial interior e internacional, pobreza debido al cambio de infraestructura portuaria, recuperación inicial por causa del descubrimiento del petróleo en la zona, y primeras explotaciones por parte de extranjeros, precedida de una pobreza muy extendida socialmente, después nuevamente riqueza relativa por la decisión de una política económica nacional que construye una planta hidroeléctrica en la zona, acompañada sin embargo de un decaimiento –si se le compara con sus mejores años del XIX–. Y ya en el XX, debido a la nacionalización del energético, nueva recuperación por la decisión federal posrevolucionaria al construir ahí, una refinería petrolera con la tecnología más avanzada de la época. Más tarde, este espejismo nacionalista se abandonará, como la idea del progreso social.

Recalco la importancia de los avatares de doscientos años de la región en general, ya que están compartidos y son aparentemente intercambiables: riqueza agropecuaria y comercial de Acayucan (el municipio más antiguo de la región), riqueza agropecuaria y comercial internacional de Minatitlán, "pueblo recién nacido en el XIX" y muy próspero durante seis décadas del mismo siglo, cuando, por decisión extra regional aparece un nuevo actor, Coatzacoalcos, "gemelo no primogénito" de aquella: puerto, ciudad, sede de la élite sindical de Pemex en el XX, que avanza al paso marcado por el crecimiento industrial y energético del mundo por la vía del petróleo, y después por la sucesiva refinación del mismo y el crecimiento de la moderna industria de los plásticos; es decir, implicó la creación de industrias con alta tecnología que se derivaron de esta región por las decisiones de política económica que básicamente beneficiaron al centro del poder en el país, que manipuló la Constitución de acuerdo a sus propios intereses.

Es posible que aquella industria mundialmente poderosa en el siglo XX podría haber convertido a nuestra nación en un gigante económico industrial, pero la historia nos muestra que, por el contrario, se diluyó esta fuerza en una corrupción sindical y política que frustró tales sueños. Parte de estos posibles cambios incluyen proyectos para nuestra región de estudio que no pasaron del papel con varios presidentes del siglo XX, ya sea de orden nacional como el Plan Alfa Omega o el Plan Sur Sureste, el Corredor Logístico o la Zona Económica Especial, o de orden internacional, como el Plan Puebla Panamá o el Proyecto Mesoamericano, los cuales, cada uno por su parte, intentarían superar –repito, en el papel– no sólo el divisionismo político meridional, sino que también estaban orientados a combatir la pobreza extrema ya característica del sur sureste y de Centroamérica, y desde luego, aprovechar su estratégica posición como una posible palanca de desarrollo, cuando en pleno siglo XXI, entró nuevamente en decadencia la región urbano-industrial, tres veces metropolitana: Coatzacoalcos, Minatitlán y Acayucan.

La Cuarta Transformación

El Proyecto de Nación de Andrés Manuel López Obrador manifestado desde su candidatura en el 2017 muestra la conciencia de la necesidad de cambio para la Región Sur Sureste, visión política y social que se está concretizando de manera inicial por el Decreto para la conformación del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec –CIIT- (DOF: 14/06/2019). El CIIT fusiona a tres paraestatales que actualmente operan por separado: las Administraciones Portuarias Integrales (API) de Coatzacoalcos y Salina Cruz, así como la nueva empresa Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec (FIT).

La región Sur-Sureste comprende la cuarta parte de las entidades federativas de México y constituye un territorio que ha crecido relativamente menos que el resto del país y señaladamente en la segunda mitad del siglo XX; la región del Istmo de Tehuantepec, punto de acceso general a la región Sur-Sureste abarca 79 municipios: 33 de Veracruz y 46 de Oaxaca.

El presupuesto pre-estimado para el Proyecto de Desarrollo del Istmo de Tehuantepec –que lidera en nuestro estado la Secretaría de Desarrollo Económico y Portuario (Sedecop)–, en cinco años, es de aproximadamente 146 mil millones de pesos por parte de la Federación, que comprende 12 diferentes dependencias en rubros como la infraestructura portuaria (Coatzacoalcos, Pajaritos y Salina Cruz), ferroviaria, carretera y urbana, la conectividad digital, el abastecimiento energético, la salud, la educación, el cuidado ambiental; este ejercicio presupuestario significaría una derrama económica que se multiplicaría rápidamente, ya que también lo será por la vía de la inversión privada, creando círculos virtuosos de crecimiento y desarrollo. Adicionalmente hay la intención de orientar el desarrollo de la micro, pequeña y mediana empresa para ser impulsadas por las grandes empresas tractoras que se instalarían en la región. Por lo anterior, el CIIT funcionaría como una palanca de desarrollo, lo cual es evidentemente, su misión.

Los objetivos de desarrollo económico y social que se han expuesto para esta región incluyen la creación de empleos bien remunerados mediante la instalación de zonas de aglomeración industrial o clústers, que a su vez implican el establecimiento y desarrollo de las Mipymes, así como una estrategia de atracción de la inversión ligada mediante las Zonas Francas. Las zonas libres o francas son espacios territoriales que cuentan con una serie de ventajas de tipo fiscal, es decir reducción relativa de impuestos durante un lapso determinado de tiempo, y particularmente con aquellas ventajas que promueven el desarrollo del comercio exterior, pues básicamente se quieren inducir las transacciones comerciales, tan relevantes para la operación logística de nuestra región de análisis.

Una vez detectadas en el Plan Maestro y conceptual del Desarrollo del Istmo de Tehuantepec, ahora en progreso, se han pre-identificado con ajustes estratégicos, la capacidad del corredor para competir en el mercado global y la atractividad industrial para generar cadenas de valor, esto es, las vocaciones del espacio territorial actual y su futura probable capacidad de atracción de las empresas medianas y pequeñas que ahí se instalen.

A la fecha la Sedecop ha identificado estos sectores potenciales: la agroindustria y la silvicultura, la industria energética, la industria de la transformación, los servicios financieros y turísticos (para dar servicios a los sectores ahí alojados así como para al crecimiento semiurbano generado por el propio proyecto), y, como deriva natural de la propia ubicación del istmo, la capacidad logística, de empaque, almacenaje y transporte.

Por otra parte, dentro del citado Plan, y para todo el istmo, se prevé la creación de 10 centros económicos o Polos de Desarrollo para el Bienestar (en este año se iniciaran los primeros tres, de un total de cinco estatales en Veracruz) que traerían consigo los beneficios de la aglomeración. Ahora sería necesario condicionar la inversión extranjera al traspaso de la tecnología y al empleo de la mano de obra local, lo que de hecho implicaría el reconocimiento de la preparación técnica que ha recibido a lo largo de la segunda mitad del siglo XX la población de la zona Minatitlán-Coatzacoalcos.

El impulso de los Polos de Desarrollo para el Bienestar, puede así constituirse en el paso del círculo vicioso de la pobreza y depredación a un círculo virtuoso de creación de riqueza-valor-conocimiento y de cooperación. Una red industrial en la región podría crear un sistema económico endógeno con ventajas complementarias ya que cultivará mercados para la infraestructura y el comercio, y sobre todo, para una educación superior, el mayor bien producto de la acción de la política pública, que a su vez, estaría auspiciando el desarrollo de la competitividad generada por la actividad empresarial.

En suma, subsanando una deuda histórica –mediante esta cuarta transformación–, el mundo moderno de México se podrá acercar al campo, a la ruralidad del sur sureste, y brindar sus beneficios y el estilo de vida propio del siglo XXI a la región del Istmo de Tehuantepec al llevar los posibles beneficios de la globalización –así como la conciencia de la necesidad de cuidar el medio ambiente, acompañada de la acción– y al ofrecer oportunidades de desarrollo individual y social, especialmente para los jóvenes.

Más notas de Juan Fernando Romero Fuentes / II