¿Un discurso histórico o continuista?
julio 20, 2020 | Octavio M. González Segovia*

En su primera –y quizá última- visita a Washington, el presidente López Obrador señaló que el motivo de la misma obedecía a la entrada en vigor del TMEC, reconociendo tácitamente –y a regañadientes- una realidad que ha marcado a nuestro país desde por lo menos 1833, la de la indisoluble dependencia hacia los Estados Unidos de América. Ya lo advertía en 1883 el ilustre poeta y novelista xalapeño, José María Roa Bárcena al reflexionar respecto a la Guerra de Texas, la invasión estadunidense de 1846-48 y el Tratado MacLane-Ocampo: "…la fortuna y los medios del ataque [estadunidense] han cambiado, al menos en cuanto a México… La tendencia actual de los Estados Unidos no es el aumento territorial… Sin renunciar a sus grandes planes tradicionales, nuestro vecino busca hoy desahogo a la plétora de su riqueza monetaria, de su producción industrial y de su comercio…" (Matute, 2013, 494-5).

Comercio que, en la figura del TMEC, López Obrador evoca como: "una gran opción para producir, crear empleos y fomentar el comercio sin necesidad de ir tan lejos de nuestros hogares, ciudades, estados y naciones". No importa pues, que nuestros paisanos sigan emigrando a los Estados Unidos y Canadá, -que es donde se crearán los futuros empleos-, que posterguemos –una vez más- la anhelada diversificación de relaciones, y que se fomente el empleo entre las grandes compañías estadunidenses afincadas a uno y otro lado del Rio Bravo, porque, al fin y al cabo, no hay que "… ir tan lejos…". Ante ello, cabe preguntarse: ¿López Obrador claudicó o fue consistente con las acciones de Juárez, al que se empeña tanto en citar y querer emular?

Pareciera que López Obrador fue consistente. Por extraño que parezca, el presidente fue consistente con la política entreguista y contraria al interés nacional de Juárez, cuando éste manda a Melchor Ocampo a Veracruz a firmar el "Tratado de tránsito y comercio" entre ambos países. Tratado que en su artículo primero establece que: "La República Mexicana cede a los Estados Unidos y sus conciudadanos y bienes, en perpetuidad, el derecho de tránsito por el istmo de Tehuantepec, de uno a otro mar, por cualquier camino que actualmente exista o que existiese en lo sucesivo…" (Matute, 2013, 497). Habrá quien, en defensa de Juárez y de sus políticas, arguya que éste se encontraba contra las cuerdas. ¿Era ese el caso de López Obrador? ¿Era tan escaso el margen de maniobra como para ceder en puntos clave de la negociación comercial, así como para elogiar desmedida y oprobiosamente a Trump?

¿Era necesario señalar que "no se trata de cerrarnos al mundo, sino de aprovechar todas las ventajas que nos brinda la vecindad…"? Algunos dirán que sí, que era necesario apaciguar a los más radicales en su gobierno. Había que hablarles al oído a dos públicos muy distintos, a Trump, a sus huestes y a los votantes latinos, por un lado, y a sus detractores domésticos, por el otro. Por donde se le vea, fue un difícil acto de malabarismo que satisfizo a más de uno. En su discurso, López Obrador aboga por la integración con Estados Unidos y Canadá, empero, sugiere una integración subordinada en donde México aporte "…su joven creativa y responsable fuerza laboral", ya que "…de poco serviría tener capital y tecnología sino se cuenta con buenos obreros que se destaquen por su imaginación, su talento y su mística de trabajo". Al igual que en el tema migratorio, en el que nos asignaron el papel de cancerberos, optamos una vez más por subordinarnos. Subordinación, no integración. Como ha sucedido desde el siglo diecinueve, México aporta la mano de obra barata –ahora también imaginativa y mística- y Estados Unidos el capital.

El presidente López Obrador remata diciendo que "la historia nos enseña que es posible entendernos sin prepotencias o extremismos", tal como lo hicieron MacLane y Ocampo…Y si bien, "…hay agravios que no se olvidan" –¿otro guiño a los radicales? – López Obrador se ufana en resaltar que Trump "nunca ha buscado imponernos nada que viole o vulnere nuestra soberanía.". ¿Cómo llamar entonces a la prohibición de suscribir acuerdos con países cuyas economías no sean de mercado?, o bien, ¿cómo referirnos al artículo 23.12, inciso h del TMEC alusivo a la cooperación en materia laboral que permite las inspecciones?

En 1883, Roa Bárcena señalaba "la facilidad y hasta la necesidad de las empresas norteamericanas de trasladar aquí los artefactos y mercancías de aquel país; la desaparición virtual de nuestras mutuas fronteras; un cambio forzoso en nuestro sistema fiscal y hacendario; una situación dificultosa y crítica para la escasa industria nacional y la radicación y el desarrollo en manos norteamericanas de los principales negocios del país…Y, como si estos resultados naturales y próximos no fueran suficientes a su objeto, aspira, según sus periódicos, a anticiparlos, celebrando con México un tratado de comercio sobre bases que excluirán toda concurrencia mercantil de otras naciones; sobre bases de una reciprocidad imposible entre pueblos de condiciones económicas tan dispares" (Matute, 2013, 495).

A casi 140 años, pareciera que esas tendencias no solo no se han revertido, sino que se han profundizado. En sus Recuerdos de la invasión norteamericana (1883), Roa Bárcena concluye preguntándose si "¿Hemos aventajado algo, o más bien dicho, han disminuido para nosotros el peligro [que representan] las nuevas miras inmediatas del coloso?" A lo que el autor se responde que "no podíamos negar la entrada en nuestra tierra a las locomotoras del progreso humano" y veía en el desarrollo que traería consigo un arma de doble filo, ya que si bien, provocaría "grandeza y prosperidad material para el país", también advertía de "el debilitamiento y, acaso en último resultado, la desaparición de su actual nacionalidad y de las razas que hoy la pueblan." (Matute, 2013, 495). La pregunta parece seguir vigente, y la advertencia a la orden del día.

*Internacionalista, profesor-investigador de El Colegio de Veracruz y profesor de cátedra en el Centro de Relaciones Internacionales de la UNAM.

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