Política

El viaje, otra lectura

julio 07, 2020

La inminente visita del presidente López Obrador a Estados Unidos para la firma del Tratado México-Estados Unidos-Canadá de libre comercio se convirtió desde diversos puntos de vista en un tema controversial. En primer lugar, por la circunstancia sanitaria por el Covid-19. Más de un observador ha señalado que es innecesaria y desaconsejable. Otro bloque de críticas es el político-electoral, la crítica conservadora ha sido especialmente insidiosa al sugerir que el Presidente mexicano se subsume a los deseos de Trump y, abyecto, va a hacerle las cosas fáciles en tiempos electorales con los votos de la comunidad méxico-norteamericana. Tal fue la lacrimosa crítica de conocida académica mediática en importante programa noticioso radiofónico ayer por la mañana.

Y otra veta es la que señala que debiera evitarse toda vez que no asiste el primer ministro canadiense Justin Trudeau y el costo de beneficiar a tan singular presidente es prohibitivo. Y sí, en esa lógica los críticos tienen argumentos.

Pero no necesariamente es esa la lógica que define la visita.

Uno, porque desde polaridades políticas completamente distintas y en más de un aspecto excluyente –la derecha conservadora industrial y el centro promotor del Estado de bienestar– los dos presidentes comparten la misma fobia: son convencidos anti neoliberales. Eso implica más de una coincidencia en cuando a lo que hay que hacer para salirse de la lógica neoliberal.

Los dos presidentes son antisistémicos y comparten el mismo interés por motivaciones distintas. A Trump le interesa destapar la corrupción demócrata-neoliberal por razones electorales; al presidente mexicano le interesa lo mismo pero por razones de Estado: la restauración de las instituciones, desterrar la corrupción, castigarla y devolver a los gobernados lo robado durante casi cuatro décadas.

Con Genaro García Luna en la cárcel, y ahora que ha decidido colaborar, es muy probable empiece a decantarse información que permita ir poniendo en orden el desastre dejado por los neoliberales demócratas, especialmente en cuanto a su apoyo a los narco gobiernos de Calderón y, por extensión, al de Peña Nieto.

Así, Rápido y Furioso sería mucho más que una espada de Damocles sobre la mollera de Calderón. Bien podría ser el inicio del proceso que lleve, junto con el del caso Odebrecht al castigo en chirona de más de un socio del pacto de impunidad que gobernó a este vapuleado país por décadas. Al tiempo.