Política

Pensar desde hoy

julio 01, 2020

Personas no humanas

Universidad Veracruzana

Generalmente pensamos que "persona" y "humano" son sinónimos, sin embargo, en los últimos años estos conceptos se han separado lo suficiente para consolidar la figura de "persona no humana" en algunos códigos civiles y jurídicos del mundo. De nuevo tenemos que preguntarnos qué es ser persona, y por qué los gobiernos se han visto en la necesidad de denominar algunos animales como personas no humanas. De manera general, se denomina "persona" a todo aquél ser que sea capaz de razonar y de interactuar con su entorno por medio de ello, lo cual se ha entendido como exclusivamente humano. A partir de lo anterior, se establecen derechos y obligaciones de carácter civil y jurídico que garantizan un bienestar básico para la persona, tales como derecho a la libertad, a la vida, alimentación, a no ser esclavizado y a vivir sin maltrato, entre otros.

Algunos países como Argentina, Nueva Zelanda e India, a través de jueces han declarado recientemente como personas no humanas a animales específicos como la orangutana "Sandra", grupos de chimpancés en cautiverio o especies completas como delfines y elefantes, haciendo más sencillo y efectivo el proceso para garantizar sus derechos y perseguir a los humanos que los maltratan. Aquí la capacidad de sentir y expresar emociones es el mínimo necesario para definirles como persona no humana. No se busca darles obligaciones ni antropomorfizarlos, sino garantizar su bienestar a través de darles goce de derechos.

El problema radica en que los animales han sido denominados generalmente como bienes, como cosas. Si bien no son seres inertes, en el mejor de los casos se les da cierta protección jurídica en tanto que son propiedad de un humano, quien deberá responder en caso de que sus animales ocasionen algún problema, y podrá reclamar daños si alguien los roba, mata o maltrata. Todo eso no con el sentido de garantizar un bienestar al animal, sino mantener el estado óptimo del bien para no devaluarlo. De aquí que no sea perseguible jurídicamente de manera dura y suficiente el maltrato animal, pues al ser considerado una propiedad, el tema de la protección y bienestar de estos seres se vuelve complejo, cayendo en puntos donde el maltratador hace lo que quiere con sus animales porque "son suyos". Desde perros amarrados en la azotea al sol del mediodía sin agua o sombra, caballos y ganado que vive y muere en condiciones terribles, hasta las masacres de delfines y ballenas, no se puede hacer mucho pues son propiedad, si sienten o sufren es una situación aún invisible a muchas legislaciones.

Ante la situación anterior, aparece una medida tristemente irónica: han declarado personas no humanas porque hay humanos que no parecen personas. El mínimo para ser considerado persona por algunos países, legislaciones o jueces es que un ser vivo sólo demuestre su capacidad para sentir y expresar emociones, empatía, cariño e incluso sufrir las pérdidas de sus seres queridos, aún sin un lenguaje complejo de por medio, lo que de inmediato pone en duda la capacidad de sentir de algunos humanos cuyos actos de crueldad sistemática o premeditada son su acontecer cotidiano. El status del razonamiento se vuelve tema de discusión al no ser lo mínimo para ser persona, pues algunos humanos con todo su razonamiento son indolentes, incapaces de sentir compasión o empatía ante el sufrimiento que sus actos causan a su alrededor, sin importar si lastiman otros humanos o seres vivos en general. Son capaces de emplear su razonamiento para idear maneras de generar sufrimiento innecesario, e incluso considerarlo "entretenimiento o diversión". Por otro lado, hay cientos de evidencias de empatía por parte de animales que, sin importar la especie, arriesgan la vida por otros, como la reciente nota viral donde un orangután vio en peligro a Anhil Prabhakar y le ofreció su mano para sacarlo del agua infestada de serpientes.

Vemos en redes y medios de comunicación videos viralizados de actos de indescriptible e innecesaria crueldad, siendo de los últimos la tortuosa muerte de la elefanta embarazada en India, que confiadamente comió fruta con explosivos y murió en un río tratando de aliviar el dolor de sus heridas. Se dice en las notas que la fruta con explosivos era para mantener alejados a los animales que los humanos de la zona consideran plagas. Otros como el de la perrita arrojada al cocodrilo, no tuvo mayor sentido que el ocio. Sufrió hasta morir mientras los que grabaron se reían de ello y luego se olvidaban del asunto. Aunque sórdido, la urgencia por detener a los culpables no es la misma pues era un perro, no una persona. En cuanto a caballos o ganado, sienten hambre, sed e incluso laceraciones o heridas constantes durante toda su vida, pero al ser "bestias de carga" el sufrimiento que viven a expensas de sus dueños no se sanciona ni se evita. Si el caballo se muere de dolor compran otro. Y así incontables ejemplos. Muchos de estos humanos hacen estas cosas con animales porque no son castigados porque no hay legislación para ello, o la sanción es mínima y es fácilmente costeable, o simplemente "porque los animales son sus cosas". En el caso de la elefanta se reporta un detenido, pues India ha declarado "sagrados" a los elefantes, pero las trampas para animales siguen ahí. Si hubiese sido otra especie o si el elefante no fuera sagrado, tal vez no habría siquiera intervención de las autoridades.

Pensar estos problemas desde una perspectiva que procure el bienestar de los seres vivos nos exige a todos, no sólo a ciertos países o regiones, preguntar de nuevo sobre el concepto de persona, pues ya hay instituciones y autoridades que no ven como esencial para serlo la capacidad de razonar, sino de sentir, y a partir de ello, generar tanto las legislaciones necesarias como los medios para su aplicación efectiva, pues en muchos casos, aunque se avanza en materia jurídica, es difícil o no se cumple la puesta en marcha de las medidas.

Denominar "persona no humana" a los animales en un esfuerzo por protegerlos es una medida emergente, tomada ante la urgencia de proteger seres capaces de sentir y sufrir, en espacios jurídicos donde el antropocentrismo aún medieval los sigue definiendo como bienes y no como seres sintientes. Es materia compleja pues buena parte de la cultura como la entendemos y vivimos requiere y depende de la industria animal. Estas medidas pretenden darles un espacio justo y de bienestar para sus respectivas naturalezas, lo que requiere de la voz más presente de etólogos que junto con otros profesionales, pretenden reestablecer un balance entre el bienestar y la convivencia del ser humano como especie ya no entendida como dominante, sino en búsqueda de armonía en un entorno que comparte con otras formas de vida.

El Instituto de Filosofía UV les invita a continuar con la reflexión enviando sus comentarios al correo electrónico pensardesdehoy@gmail.com