Política

Ay, no ma…

julio 01, 2020

El clero fifí veracruzano, específicamente sus personeros más conspicuos por ejercer sus oficios en la capital política del estado, expresaron su total desacuerdo con la idea del ayuntamiento de sustituir las zebras del paso peatonal entre el parque Juárez y la esquina opuesta donde inicia su ascenso la calle Revolución, justo a un costado de la Catedral Metropolitana de Xalapa, con los colores del orgullo gay justo en el mes que honra la lucha por los derechos de las otras sexualidades a tener una vida en paz, sin discriminación ni violencia.

Aluden al chabacano argumento de que la NOM 034 de la SCT, establece que el código de colores para pasos peatonales es el amarillo, un color que no excluye a nadie. El pobre vocero encargado de esgrimir tal argumento tendrá que aceptar que, o no entiende, o se niega deliberadamente a entender que el amarillo, para serlo, obligadamente debe excluir toda otra frecuencia de onda que no refleje amarillo. Pero propósito de que los pasos peatonales sean amarillo o blancos es precisamente porque la visibilidad de éstos sobre un fondo oscuro. Deliberadamente obtusos manosean la información para adecuarla a su interés. Y su interés, que por alguna razón sólo se explica por la naturaleza desviada de la mayoría del estamento eclesial, es satanizar y excluir en la medida de lo posible todo lo que implique lo que consideran una desviación.

Por alguna razón que debe ser muy estúpida, estos hombres que no se casan, que no tienen una vida sexual socialmente normalizada, sino que la tienen a escondidas, que no tienen hijos ni familia, que no saben lo que es convivir bajo el mismo techo con una mujer a la que se ama y con la que se yace entrepiernado y ensabanado los domingos en cama, donde llegan los párvulos procreados a dar los buenos días; éstos tíos que aprenden a reprimir su sexualidad por miedo a un castigo del sufrimiento eterno, cuando es su antinatural contención lo que los atormenta ya, aquí y ahora, son los que vienen a pontificar sobre sexualidad y convivencias afectivas. Zafios.

Esta raza contumaz, necia, que apela a una forma de amor universal en la que nadie cree porque desde hace siglos es desviada y y administrada por una mafia que a provocado cientos de miles de tragedias y abusos sobre niños y niñas.

Es ese clero que de la vida sabe un carajo, el que tiene la cachaza de reclamar y sentirse ofendido por la bandera gay que es multicolor, y entre esos colores el amarillo, precisamente por ser inclusiva, en ella caben todos, hasta el clero. Excepto su personal pederasta, claro, y que no es poco.