Política

Editorial

junio 30, 2020

En una suerte de drive-in de la inconformidad, la comunidad amlofóbica toma las calles con cautela motorizada, pero valerosa al fin. Salen decididos a tomar las calles desde sus automóviles, penosa alegoría involuntaria de la sociedad clasemediera estadounidense.

Por razones de eficiencia acústica (los gritos se oyen poco desde el interior del auto) y por urbanidad, sólo hacen sonar las bocinas de sus autos. Poder de convocatoria no les falta, esta vez, además de Audi, BMW y Mercedes, desfilaron algunos Tsuru, Chevrolet Spark y Aveos que, habrá que aceptarlo, mellaban sensiblemente el paisaje.

Experimentales, van calando el ambiente. El respetable en general los ignora, pero no son pocos los que los largan por un tubo y les reclaman.

Luego están los desparasitados ideologizados anglofónicos de pronunciación casi bostoniana, académicos con pedigrí propio, gente de razón, blancos de formación completamente urbana que toleran mal las eses aspiradas de un tabasqueño en la presidencia.

El respetable les reclama porque el ex canciller se refirió a Putla, Oaxaca, como "pueblo horroroso y arrabalero". Finísima persona pero que entiende poco, el ex canciller. Arrabalero no solo significa perteneciente al arrabal, significa que es vulgar, grosero o mal educado. Toda vez que Putla es demasiado pequeño para tener arrabales en el sentido de zona marginada del casco urbano, Jorge Castañeda sólo puede referirse al sentido peyorativo de la palabra, lo que revela el sincero y honesto desprecio del ex canciller por los pueblos originarios del país. Lo mismo pasa con otra académica de ascendencias europeas concienzudamente abocada a descalificar al presidente, Denisse Dresser.

Está muy bien que lo hagan, en algo contribuirá al debate público, aunque alguien bien podría insuflar en Castañeda la noción de las inconveniencias de la visceralidad.

Reclaman al Presidente la visita a Estados Unidos por lo de la firma del nuevo tratado comercial trilateral, lo más probable es que no sea eso lo que inquieta a la reacción neoliberal, sino las muy altas probabilidades de que el lazo se apriete al cuello de los que gobernaron el pacto de impunidad y convirtieron al país durante 12 años en un narco Estado.