Política

Política sobre y por encima de todo

junio 28, 2020

Como nunca en la historia y en tiempos de una transición democrática en el país –que alcanza rincones y recovecos instituciones y sociales falsamente sacralizados e idealizados por un aparato gubernamental que se diseñó y dedicó a la expoliación de la riqueza nacional– , la política ha alcanzado una dimensión absolutamente tangible en todas las unidades sociales.

Con asimetrías, pues no todas las opiniones y unidades son igualmente significativas en términos de las decisiones que debe tomar el gobierno federal en la búsqueda de mejorar la disminuida calidad de vida de la ciudadanía, el Estado nacional debe fortalecer su papel de garante de la unidad nacional.

Es el Estado y no la ciudad, la Iglesia, las capillas industriales, los sindicatos o los partidos, el que garantiza en última instancia el orden fundamental del que depende toda la vida significativa de la comunidad.

También está claro que hay una enorme variedad de opiniones e intereses distintos que confluyen en una nación pluriétnica, con hartísimas diferencias sociales y culturales que a su vez influyen en todos los procesos políticos. No obstante, en medio de esa gran diversidad, se articulan, de un modo más o menos franco, diferentes puntos de vista que en la actualidad interactúan o chocan entre sí.

Hay un descarnado choque de visiones y proyectos distintos que podemos ver con claridad en la discusión entre quienes se oponen a la idea social y transformadora del gobierno lopezobradorista, y quienes lo aprecian como un retroceso, una falacia, y anhelan volver a un pasado pródigo en el cual pocos fueron sumamente favorecidos en detrimento de millones de mexicanos que se encuentran en el umbral de la pobreza extrema.

En esa variedad de opiniones, intereses y puntos de vista es que, o se enriquece el proyecto nacional que se ha dicho le apuesta a emparejar el actual estado de las cosas, o se enrarece el ambiente al grado de preferir la disolución, el agudizamiento de la crisis y, en algunos casos, hasta preferir una irrupción golpista que acabe de un solo tajo –al costo que sea– con el actual estado de las cosas.

Muchos de los que han sido vistos como golpistas pervierten el sentido democrático de la dimensión del poder cuando éste se denomina "populista", entendiéndolo como que el pueblo es fuente de autoridad y el que toma las decisiones últimas. Desde esta posición no desean entrar a la visión civilizada de gobierno por debate.

Gobierno por el pueblo les da grima, escozor y rechazo con todo y que éste es el sentido original de democracia. Aunque es un término un poco menos aterrador que frases como "todo el poder al pueblo" u , ¡horror¡ "la dictadura del proletariado", que se les revela como masas sin control, sedientas de sangre o de la despiadada tiranía colectiva de un espurio deseo mayoritario, la "oposición" está construyendo esta imagen que busca alarmar a la gente que ha sido manipulada por los mismos intereses y grupos políticos durante decenios.

Ocultan deliberadamente que un gobierno popular no acaba necesariamente en esos escenarios apocalípticos. No en este caso donde el poder se obtuvo por consenso popular. Sin embargo, la lucha soterrada de los expulsados del paraíso le apuesta a ello.