Política

Vida híbrida

junio 27, 2020

Vivimos tiempos de incertidumbre y de pérdidas, pero también de nuevos aprendizajes y de reconfiguración de la vida cotidiana. Habiendo pasado ya tres meses de confinamiento, nos encontramos en el período de la nueva normalidad y avanzamos hacia una nueva vida híbrida, lo que básicamente consiste en nuevas reglas de seguridad para la convivencia en el espacio público y nuevos arreglos para salir alternadamente del confinamiento.

Antes del llamado a quedarnos en casa lo que dominaba era una vida de consumo indiscriminado, de entretenimiento en parques, cines, plazas y de mucho stress laboral centrado en el éxito y la competencia individual, todo ello en un contexto social marcado por profundas desigualdades socioeconómicas. Muy abruptamente y sin que nadie lo predijera - aun cuando existían claros signos del desgaste del modelo económico neoliberal global vigente y del deterioro exponencial del ecosistema, pasamos a una vida centrada en el hogar, en el núcleo familiar, en las prácticas de cuidado y en el distanciamiento social lo que, además de transformar radicalmente nuestras vidas, evidenció las desigualdades sociales persistentes en la medida en que millones de personas no pudieron darse el lujo de quedarse en casa, o de practicar el aislamiento social mientras otras tantas perdieron su empleo o vieron reducidos sustancialmente sus ingresos. Ahora, en medio de la incertidumbre y a falta de certezas, lo que alcanzamos a vislumbrar es el comienzo de una nueva etapa de adaptación a la vida social, es decir, los albores de una nueva vida híbrida.

Lo que resulta evidente, aunque algunas personas sigan instaladas en la negación y en la ilusión de que nada pasa, es que la vida cotidiana ya no será como lo era antes. La vida híbrida apela a una suerte de nuevo equilibrio entre el confinamiento y la salida al espacio público. Tal parece que más que una nueva normalidad, lo que viene es una nueva cotidianeidad, porque una cosa son las reglas que se nos impondrán y otra las formas en que cada uno de nosotros organizaremos nuestra vida cotidiana en función de ellas. La normalidad apela a normas, a medidas para regular el intercambio social pero en el marco de nuestras libertades y dado que somos seres de hábitos y costumbres, es de esperar que cada persona afrontará de manera diferente la vida híbrida en el sentido de elegir cuándo y a dónde decidirá ir, con quién elegirá encontrarse presencialmente, qué hábitos de higiene y seguridad adoptará.

Lo que me parece relevante destacar es que si bien la convivencia humana requiere de acuerdos y regulación para el intercambio social, también lo es el considerar que en ninguna situación, por difícil y compleja que sea como la que ahora vivimos, puede perderse el derecho a elegir en tanto la libertad de elección es un derecho humano inalienable. Frente a las enormes pérdidas que estamos enfrentando: pérdidas de seres queridos, pérdida de empleos e ingreso, pérdida de certezas, pérdida de oportunidades de encuentros social y recreación, la posibilidad de mantenernos sanos apela a nuestra capacidad de fortalecer nuestros vínculos, encontrar formas creativas de vivir esta nueva cotidianeidad híbrida y disfrutar lo que la vida nos aporte cada día. Comprender que la distancia física no es distancia emocional, que la solidaridad y el abrazo fraterno puede predominar de múltiples formas no presenciales, que toda experiencia humana es aprendizaje y es disfrutable y que ningún mal es eterno pareciera ser una medicina infalible para transitar por esta nueva vida híbrida.