Política

De vuelta al futuro

junio 24, 2020

Los meses de distanciamiento social y de quedarse en casa son, quiérase o no, un hito en la historia moderna y, muy probablemente, en la historia completa de los homínidos bípedos parlantes. Ahora inicia la desescalada de las medidas de emergencia y los que eufemística y equivocadamente se ha dado en llamar la "nueva normalidad".

Pandemias ha habido muchas, y varias de ellas han sido devastadoras. La última peste negra habida en Europa en el siglo XIV arrasó con la quinta parte de la población europea. La del Covid-19 ni remotamente se le asemeja.

La humanidad ha estado viviendo una crisis sin precedente que dejará profundas huellas. No sólo por los escenarios neoapocalípticos que se pueden recrear, aunque a cada una le ha tocado vivirla y contribuir a superarla de forma distinta. La colaboración, el compromiso colectivo y la solidaridad son condición imprescindible en el proceso de reencuentro vital, si acaso es posible.

Habrá quien quiera que las cosas pronto vuelvan a ser como antes. Es peregrino desearlo por la simple razón de que nadie ha sido capaz de retroceder en el tiempo, aunque con seguridad habrá quienes quieran restaurar la lógica estúpida que nos llevó a esta crisis.

El planeta está por entrar de lleno en una recesión económica mucho más compleja de la de 1929/33. Será más o menos larga y más o menos dolorosa dependiendo de lo que los tomadores de decisiones tarden en volver a poner un referente estable a las monedas, volver al patrón oro, como fue establecido en 1945, precisamente para evitar un crack económico como el de 1929. Para poder identificar las medidas que hay que tomar, es fundamental entender las características distintivas de esta crisis.

El Covid-19 ha provocado una situación sin precedentes a nivel global. La propagación del Coronavirus por diferentes países y las tensiones que implica en los sistemas sanitarios han generado una crisis global no necesariamente comparable con las anteriores crisis económico-financieras, pero sí mayúscula. Nos encontramos no sólo ante un problema de salud con gran repercusión socio-sanitaria, sino ante una crisis socioeconómica. De hecho, este factor externo que es el Coronavirus progresivamente da lugar a shocks económicos de oferta y de demanda que se retroalimentan entre sí. Este ciclo puede verse agravado si se acompaña por una crisis y derrumbe del sistema financiero.

Actividades como la hotelería, la restaurantería, el turismo o el transporte experimentan un impacto más negativo pero puede haber actividades cuya demanda aumenta. Esto es, grandes empresas tecnológicas y de compras online y de distribución, el sector de alimentación y bebidas, ocio digital.

De la misma manera, algunos países en principio se verán afectados más negativamente que otros en función del grado de envejecimiento de la población, tipo de sectores, temporalidad del empleo. Los gobiernos deben tratar de que la destrucción económica, social y anímica derivada de la crisis sea la menor posible. Lo gobernados podemos tener, eso sí, la certeza de que ése es precisamente el propósito del gobierno, pero la realidad es que la solución es propia y autorreferencial.

Así como durante estas semanas dirigimos la mirada hacia a nosotros mismos, otro tanto deberemos hacer como economía, fortaleciendo el mercado y consumo internos con productos nacionales. Volver al pasado, a lo que sabemos funciona, al oro como referente de la fortaleza de una economía y su moneda soberana, y al mercado interno como prioridad de política de desarrollo económico, lo que se hizo durante casi 30 años en México con el desarrollo estabilizador de Ortiz Mena. Adiós a la globalidad.