Política

Empezar a revisar

junio 21, 2020

Videollamadas, juegos de mesa, series, comida casera, redes sociales y clases virtuales, reuniones y fiestas virtuales se apoderaron de lo cotidiano de las vidas de buena parte de humanos que depredan al planeta. El Covid-19 justificó el apagar la economía mundial poner en pausa casi todas las rutinas diarias que involucran el traslado. De un trabajo al otro, de la escuela a gimnasia, y de ahí a la reunión con amigos. Obligados a parar, y en aislamiento estricto, no todo fue descanso y disfrute, en poco tiempo la fase tres provocó ansiedad, angustia y temor.

La ciencia puede hacer mucho para intervenir en este escenario y no sólo en materia de vacunas controversiales.

Investigadores de diversas partes del mundo trabajan con la intención de estudiar el impacto emocional a partir del estado de aislamiento social, preventivo y obligatorio, que rige en buena parte de los países.

Es conveniente observar –y entender– el modo en que la cuarentena y el distanciamiento social han impactado la veta emocional de las personas. Cosas como separación de los seres queridos, dificultades financieras, incertidumbre por el futuro y el aburrimiento, terminan por combinarse de forma incómoda y generar malestar psicológico suficiente para manifestarse en síntomas depresivos y Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT).

Conocer y comprender las experiencias de las personas en la cuarentena es una herramienta central para maximizar el control de la propagación de la enfermedad, así como para minimizar los efectos adversos que puede tener sobre las personas, las familias y las comunidades afectadas.

Hasta ahora no existen evidencias ni datos sobre estos efectos durante estados de aislamiento como los vividos por efecto del Covid-19. Sería deseable que académicos y universidades se vayan planteando de qué demonios se ha tratado todo este desgarriate.