Política

Pandemia y educación

junio 18, 2020

Prehistoria, Edad Antigua, Edad Media, Edad Moderna, Edad Contemporánea y ¿Nueva Normalidad?

Aunque la pandemia del Coronavirus SARS-CoV-2 no acabe por ser considerada una de las grandes etapas de la humanidad, está claro es que es una inflexión mayúscula que en el futuro será materia de estudio en la escuela. Y no sólo en las clases de Historia, sino también en las de Ciencias Sociales, Ciencias Naturales, Biología, Ética, o Psicología. Los profesores incluso explicarán cómo el Covid-19 aceleró la digitalización de la educación justo cuando las aulas pedían una transformación a gritos, luego de 30 y tantos años de modificaciones estructurales neoliberales a la educación en México.

Pasa que la información ya no es escasa como lo era, sino obscenamente abundante y muy accesible, la escuela tradicional está en proceso de transformación radical.

El alumno, sea niño o adolescente, se pregunta por qué demonios tiene que aprender de esa manera lo que ya encuentra fuera del aula. El reto del docente es sorprender con el diseño de nuevos entornos, experiencias y trayectorias de aprendizaje que enseñen a moverse entre esa información abundante y encontrarle utilidad.

El cierre de los centros educativos derivó en un ensayo forzoso pero discontinuo por razones obvias de nuevas formas de enseñar, aprender y evaluar, para la que difícilmente estábamos preparados luego del desmantelamiento del Estado de la era neoliberal. Improvisar para compensar el encierro y transformar de una manera tan brusca un método y sistema educativo que por definición es presencial y que sólo en sus etapas obligatorias involucra a millones de alumnos y cientos de miles de profesores", y acceso a la red con diferencias abismales es un desafío mayúsculo. Más aún cuando parte importante de los actores políticos están empecinados en el fracaso del gobierno por afectar sus saqueos habituales.

Pese a que se ha insistido en el impacto de la tecnología en lo educativo y se han definido marcos teóricos sobre las competencias digitales de estudiantes, docentes y los propios centros, el confinamiento ha revelado, para no variar, las desigualdades paralizantes que arrastramos.

La primera es la conectividad, dado que siguen existiendo hogares sin Internet. La segunda, la del acceso a dispositivos adecuados para la formación en remoto, puesto que es difícil contar con un ordenador, si acaso, para cada miembro de la familia. Y la tercera es la relacionada la capacidad para aplicar los recursos y habilidades más idóneos para resolver cada situación.

¿Cómo educar a prueba de futuro para que los alumnos sepan desenvolverse en una sociedad cambiante? Eso para aprovechar la "tecnología material" junto a las "tecnologías sociales" que se desarrollan sobre ella (redes, grupos colaborativos, colaboración entre personas con independencia del espacio físico), para organizar "un contexto de aprendizaje más útil, eficaz. Lo otro que hay que resolver es qué hacer cuando el acceso a tales recursos es inexistente.