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junio 09, 2020

El 25 de mayo, el ciudadano afroamericano George Floyd fue muerto por el abuso de fuerza de un policía blanco que lo asfixió con la rodilla en el cuello mientras se dolía de que no podía respirar, pedía que aflojara la presión sobre el cuello.

En días recientes, en Estados Unidos ha habido manifestaciones de airadas protestas masivas por la muerte del ciudadano George Floyd, ciudadano afroamericano asesinado por el celo racista del oficial Derek Chauvin, un policía blanco de Minnesota, que durante nueve minutos mantuvo impertérrito su rodilla sobre el cuello pese a que el detenido le decía que no podía respirar.

La criminal indiferencia del policía incendió al país. En los 50 estados de la unión hubo protestas contundentes y airadas; las sigue habiendo, pero sin la rijosidad inicial.

Donald Trump, que es un fascista, tiene comprometida la elección pese a amplia base electoral. White trash, le llaman, blancos del medio oeste norteamericano conservadores, frecuentemente pertenecientes a alguna milicia y poseedores de armas, fusiles de asalto de repetición.

La muerte de Floyd trastocó la vida completa de Estados Unidos. Por lo pronto, Chauvin fue expulsado de la Policía de Minneapolis, arrestado y trasladado a una cárcel de máxima seguridad mientras enfrenta diversos cargos de homicidio. Es difícil llevar a un policía a juicio en Estados Unidos y que sea declarado culpable es casi imposible. Falta por ver el desarrollo del juicio. Pero el tamaño y la extensión de las protestas son en sí mismas una advertencia si el Departamento de Justicia no procesa y sentencia al policía por un homicidio que fue cometido, literalmente, a la vista de todo el mundo.

Las protestas interraciales se espaciaron por varios países de Europa donde los manifestantes condenaron directamente al gobierno estadounidense por exacerbar el racismo.

Pero no sólo es el racismo, es sobre todo la brutalidad policial. Mapping Police Violence, ONG dedicada a monitorear abusos policiales, afirma que las personas negras tienen casi tres veces más probabilidades de que las mate un policía que los individuos blancos. Entre febrero de 2112 y la muerte de Floyd, fueron asesinadas otras 11 personas de raza negra por policías norteamericanos. Dos de ellas eran mujeres.

Madrid, Barcelona y otras ciudades españolas tuvieron protestas multitudinarias por George Floyd; París igual, y los manifestantes fueron dispersados con gas y balas de goma; igual frente a la embajada de Estados Unidos en Berlín; Roma; Varsovia; Londres, Sydney y Hong Kong.

La carga y contenido de la protesta no sólo es por el evidente racismo, sino por la combinación de este con la brutalidad policial que hace que el racismo sea letal en Estados Unidos.

Y este es un capítulo en donde la sociedad mexicana tiene mucho que reclamar. Ahí están las protestas por la estulticia autoritaria del gobernador de Jalisco, que se ha encargado de encender al estado.

Ayer, varios manifestantes protestaron en la capital del estado por la muerte de Carlos Andrés Navarro, de hombre de 33 años muerto en los separos del Cuartel de San José, en Xalapa. Intervinieron contra los símbolos del poder y habrá quien diga que no son las formas de protestar. Es irrelevante la condena sobre la protesta y lo que se diga de ella. Lo que es sustantivo es que el gobierno debe poner alto y vigilancia sobre el personal policial y su actuar. El abuso es una distorsión policial sistémica, sí, pero eso no puede ser un atenuante en un gobierno que lo es porque la sociedad lo eligió precisamente para terminar con los abusos de régimen amafiado anterior.

El gobierno está obligado no sólo a explicar y reparar en lo posible el daño, está sobre todo obligado a castigar a los culpables y arreglar el sistema que lo hace posible. Y pronto.

No hay pared ni cristal que sirva para condenar a quienes se manifestaron ayer para exigir se corrija algo que, literalmente, mata, y porque en última instancia, eso que hicieron por el asesinato de Carlos Andrés Navarro se llama visibilización, no vandalismo.