Política

¡No habrá la vuelta a esa normalidad a la que estábamos acostumbrados!

junio 05, 2020

La crisis sanitaria del nuevo coronavirus, o Covid-19, continúa haciendo estragos en el mundo, matando gente, dañando la economía mundial, causando sufrimiento físico y psicológico entre la población, trastocando la normalidad social, provocando formas y actitudes nuevas en el orden social, generando un reacomodo de las fuerzas mundiales, un nuevo orden de poderes mundiales, provocando luchas geopolíticas por el dominio mundial, desvelando lo mejor y lo peor de los seres humanos. Por eso vemos a grupos depredando y aprovechando la contingencia sanitaria en sus luchas por poderes, locales y mundiales, pero también vemos muestras de solidaridad y hermandad; nuevos duelos y ritos ante la muerte, psicosis y paranoias por miedo al contagio, incluso, incredulidad, negación y resistencias a aceptar la nueva normalidad humana, la nueva perspectiva de la naturaleza humana.

El hombre se inmovilizó, se recluyó, y a veces parece que no ha servido para nada, principalmente porque vemos que siguen los contagios y los fallecimientos, no tan sólo localmente sino mundialmente; algunos países saliendo (entre comillas) de la crisis sanitaria del coronavirus, y otros entrando a los estragos de los picos y con curvas pronunciadas que parecen infinitas, y para el colmo de nuestros males, parece que el Covid-19 se estacionó y convirtió en foco rojo a América, por eso vemos como los Estados Unidos, con todo su poderío, se ha convertido en el lugar donde más estragos ha hecho el Covid-19, aunque lo ha hecho principalmente a las minorías, negros y latinos; y en América Latina, a Brasil, México, Perú, Ecuador, Chile, etcétera. Países hermanos, como los que tienen más problemas, se suman a esto, que en nuestra querida América Latina, como las causas de ese estacionamiento más prolongado del Covid-19: la desigualdad social, la privatización de la salud que mermó la salud pública y sus infraestructuras sanitarias, si los Estados Unidos pese a sus 100 mil UCI no ha podido evitar tal volumen de mortandad, imaginemos las precarias estructuras sanitarias que cuentan los países de América Latina, lo que puedan hacer tal magnitud de los estragos del Covid-19, por ejemplo, en México sólo cuenta con 4 mil UCI, contando la de las instituciones privadas de salud, por eso podemos ver en Chile, México, Perú, etc. colapsado sus pocos hospitales y centros de salud, en suma, la pobreza y la marginación viene siendo el trasfondo de nuestra triste situación.

Seguimos en zozobra ante el hecho que no hay control científico del virus, sin ninguna vacuna segura a corto plazo, sin remedios paliativos que preserven la vida de los enfermos, una tasa de mortandad relativa según territorialidad y poder público, y en América Latina, a remar contra corriente y sacar lo mejor de nosotros para salir bien librado de esta seria crisis sanitaria que nos está sometiendo el Covid-19.

Por esos hay que tomar en cuenta, que en la vuelta a la normalidad, o en el proceso de desescalada, no habrá esa normalidad a la que estábamos acostumbrados mientras no se tenga una vacuna segura contra el Covid-19, ni otra visión de lo humano y sus fines, esto último, para estar prevenido ante cualquier nuevo virus que nos rete, y haga peligrar nuestras vidas, porque con la visión y el modelo político y social que tenemos, jamás esos sucederá, y eso hay que entenderlo.

Esta crisis sanitaria del Covid-19 no ha terminado, y hay que aceptar y practicar esa nueva cultura de la higiene, la distancia y la cercanía, por ahora, nada de abrazos, besos, y saludos efusivos de manos, a expresar nuestra amistad, amor, y familiaridad con el habla y la mirada, con el gesto y la actitud, esa es LA NUEVA NORMALIDAD que hay que entender y acatar si no queremos morir o sufrir en el menor de los casos.

Además, se tiene que dejar de usar el tema Covid-19 como herramienta política en la lucha por el poder, eso es aberrante e inmoral. El problema de la crisis sanitaria del coronavirus es un problema global que están padeciendo todos los países del mundo, los del primer mundo como los que llaman discriminantemente este modelo neoliberal, en desarrollo o pobres, claro está, que estos últimos la están pasando más mal. Y lo digo, porque ayer estuve viendo el noticiero de Ciro Gómez Leyva, y lamenté enormemente verlo empecinado en tratar de usar sesgadas las estadísticas del coronavirus, acomodarlas, reiterar, para buscar ubicar al gobierno de la república, sin decirlo, como el causante de los fallecimientos y contagios, en lugar, de estar reiterando, instigando, convocando a acatar la nueva normalidad para llegar aplanar esa curva que parece infinita, y puede ser infinita; verlo soslayar que todos los países aun los más ricos y con estructuras sanitarias del primer mundo, no pudieron prevenir los estragos del Covid-19, como los Estados Unidos; que el desconocimiento y la falta de control sobre el virus Covid-19 reduce, como la única herramienta de mitigación y solución, la sana distancia y la higiene; que las nuevas formas del acercamiento son otras; que la infraestructura sanitaria y hospitalaria, como en toda América Latina, están en condiciones precarias e inservibles, y para comprobarlo, basta ir a internet y ver como la están pasando otros países hermanos; que las estadísticas pueden pronosticar, como en Estados Unidos que se tenía previsto más de 200000 muertes durante un periodo determinado, pero parece que esos pronósticos no son exactos, pues en los Estados Unidos el pronóstico era que en agosto llegaría a las 100 mil muertes, y ahora lo vemos en junio rebasar dicho pronóstico por el Covid-19; que no sirve para nada las previsiones si no se acatan estrictamente las indicaciones de la sana distancia y la higiene, cosa que no se ha hecho en México, y que la gente ha venido actuando y está actuando como si no pasara nada, al respecto, un médico amigo fue a checar a una paciente con todos los síntomas del Covid-19, diciéndole al esposo de la paciente que tenía que internarla y llevarla al hospital asignado para tratar a pacientes de Covid-19, y la respuesta iracunda del esposo, de decirle que no le viniera a decir eso, "que él no creía en eso, qué era invento del gobierno", esto me lleva a reiterar que hay una responsabilidad sumamente importante de los medios de comunicación, como formadores de opinión, en coadyuvar en estos momentos de grave crisis sanitaria. Y que se entienda que ya habrá momento para hacer Política o Grilla, y luchar por el poder.

Tampoco quedémonos con la idea que el problema es el pueblo, pues éste, en muchísimas ocasiones no tiene alternativa que moverse para buscar su manutención, que tenemos una buena población en situaciones límites tanto educativa, laboral como médicas que tenemos que educar y ayudarles a que juntos con los gobiernos municipales, estatales y federal, así como organismos de la sociedad civil, incluso, la iglesia, a educar en esa nueva cultura de la higiene y la sana distancia, a generar formas de organizarnos para paliar no tan sólo la crisis sanitaria sino también económica, ahora sí, tenemos que movilizar a cada uno de los mexicanos y mexicanas, actores, líderes, partidos políticos, etc., en una cruzada por salvar a México; en eso debemos ocupar nuestra energía e inteligencia.

Hay que tomar en cuenta, que no es tarea fácil a los gobiernos del mundo la des-escalada, la vuelta a la nueva normalidad, puesto que hay que equilibrar, entre activar la economía (detenida y puesta en crisis por la crisis sanitaria del coronavirus) y preservar la salud de sus ciudadanos. Y que En América Latina (México entre ellos) el problema se recrudece por la ignorancia de mucha gente a no atender y entender la nueva normalidad.

Vayamos hacia un decrecimiento de ese virus, más mortal que el Covid-19, en el mundo que es el hombre, con su actitud depredadora, destructora, e inconsciente, y que detenga la vorágine de la movilidad incontrolable hedonista y pulsional.

Por cierto, aclaro para los que piensen que no puede haber pensamientos libres, todos mis comentarios, reflexiones y opiniones son a título personal, soy apologista de la transición democrática en México y de un nuevo cambio del paradigma de lo humano, y sobre la crisis sanitaria del Covid-19, un padre de familia preocupado por la salud de sus seres queridos, y como persona, un ciudadano preocupado por mis congéneres.