Política

López Obrador, Gobierno anormal: no corrupción e impunidad

junio 04, 2020

Sin duda que nos cayó el "chahuistle". Se acaba la corrupción e impunidad, lo que es anormal, en un gobierno que, por cerca de cuarenta años, lo que lubricaba al sistema político era precisamente esta condición, sine qua non , para que nadie – la oligarquía dominante, sobre todo y los aplaudidores – resintieran el menor menoscabo a sus intereses. Todos felices y contentos, en tanto setenta millones de mexicanos, deambulan en la pobreza o miseria extrema, pero los elogios a los gobernantes en turno era el pan nuestro de cada día.

Para consolidar al sistema político reinante y permanecer tanto tiempo, se dio un contubernio de tal nivel, que daba cuenta de esa normalidad que es producto de la crisis en que hoy se vive, pues incluso creó organismos autónomos para dar la impresión que se vivía un países de leyes y de régimen de derecho, cuando todo era tan chueco como los plátanos de Chacaltianguis o de

Tabasco, y que el país tuvo que reformar la constitución para ajustarla a parámetros internacionales, en materia de derechos humanos, cuyas violaciones desdeño la suprema Corte de justicia, en elocuentes actos de Atenco, Acteal, Ayotzinapa, Tanhuato, Radilla, etcétera, por solo enunciar algunos, lo que no se cuestionaba públicamente, aunque de manera silenciosa se condenaba.

Se dice que la pandemia abre una oportunidad y que viene como anillo al dedo, para poder transformar el alto grado de corrupción e impunidad que se da en todos los órdenes de gobierno, superior a lo que se vivió ayer en Colombia y otros países, con los delitos de alto impacto e incluso con algunas dictaduras, sin embargo, el enraizamiento de esa estructura, tiene atado al presidente López Obrador y si su llegada al gobierno, con más de treinta millones de votos de manera pacifica, lo obliga a que actuar, no lo hace de manera enérgica, -para no alebrestar a los grupos poderosos que controlan el gran poder económico y de la comunicación- que se creo mediante las mafias del poder, establecidos en la alta corrupción en toda la estructura gubernamental- ejecutivo, legislativo y judicial- y los casos paradigmáticos recientes, los observamos en la caída del ministro Media Mora que participo en el gran fraude que se estaba fraguando con el aeropuerto de Texcoco y cuya sentencia de la Corte Interamericana, por crimines de lesa humanidad , involucra también al ex presidente Peña Nieto y a varios procuradores generales de la República, como por ejemplo a Murillo Karam, el mismo Medina Mora, Arely Gómez , Cervantes, que, pese al tener ya sentencia firme e incluso de un tribunal colegiado de México, aún nada se ha visto, aunque se auguran mejores días.

La anormalidad del gobierno de López Obrador está en que quiere cambiar la deshonestidad y falta de ética, desterrar la corrupción, en el manejo de los recursos públicos, por la austeridad republicana y la resistencia descomunal no se deja esperar, e incluso, violentado la ley, por un ministro de la Suprema Corte de Justicia como Alberto Pérez Dayan que, en contra de la ley que reglamenta la acciones de inconstitucionalidad y las controversias, que prohíbe expresamente se conceda la suspensión de la ley que Reglamenta los Salarios de los Servidores Públicos y en abierta resistencia y desacato a lo que prevé la constitución en su artículo 127 constitucional, - reforma congelada desde 2009- impide que se pueda impedir el saqueo de los recursos de la nación, como el caso de los altos sueldos, entre ellos, los propios ministros de la corte, o los directores de los organismos autónomos, como el Infonavit, en que el sueldo era superior a los setecientos mil pesos mensuales, desvergüenza inaudita en una nación que raya en la miseria.

Si en la epidemia de la influenza en el gobierno de Calderón- que estuvo focalizada- se registraron cerca de 28 mil muertos en nuestro país, en la pandemia que hoy se vive, que es de proporciones mundiales y que ha puesto de rodillas a casi todo el mundo y destronado las economías, el gobierno de López Obrador, la ha manejado con prudencia y sin llegar a suspender las garantías individuales o a utilizar la fuerza, se va aplanando la curva, pese a que el sistema de saludad heredado, estaba totalmente colapsado, lo que habla de la capacidad de manejo inteligente y responsable de los ciudadanos que han respondido al llamado del presidente, ello como consecuencia de la autoridad moral de suyo conquistado con apoyo en una política de extrema austeridad hacia el interior de su gobierno y al afrontar las resistencias de quienes quieren seguir medrando o saqueando los recursos nacionales, con sueldos que rayan en la criminalidad.

Aún faltan muchos días para se cambie a este gobierno, aunque algunos pugnan ya para que ello suceda, sin embargo, como no se cumplen caprichosos ni se puede enderezar a jorobados, tendrán que soportar, los apresurados, para que llegue ese día, entretanto, se tiene que rumiar esa rabia, y cuando en el año 21 se efectúen las llamadas intermedias, se vera si de esos cueros salen más correas, aunque va a quedar todavía el 22 en que López Obrador está luchando- algo inaudito pero digno- que se convoque a la revocación de su mandato, precedente histórico, que no es fácil que los ambiciosos de dinero y poder que lleguen en el futuro, les de tranquilidad, si la normalidad es que quien no sirva para servir, no sirve para nada, como lo fue Fox, Calderón o Peña Nieto.

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