Política

En 6 horas, ni un médico se asomó, nos dejan solas: enfermera Mirna

mayo 27, 2020

Luego de seis horas de estar sola en el módulo Covid, por fin es momento del relevo. La enfermera encuentra a su compañera angustiada y estresada. Sus ojos son imperceptibles a través de los goggles empañados. Ella lleva tan solo unos minutos recibiendo el servicio, pero ya se siente asfixiada. Para colmo, los médicos siquiera se acerca a ver a los pacientes, está ahí sola, junto a personas que se aferran a seguir respirando.

Salí de mi turno como loquita del área covid: enfermera Mirna

Cuando me avisaron que tenía que entrar a guardias en el módulo Covid, lo primero que hice fue adquirir mi propio equipo de protección personal (EPP) porque en el hospital no te dan overol, y las gafas y caretas son de muy mala calidad.

Son seis horas que el personal está en el área. Ese día ingresé a las 20:30 horas y salí hasta las 02:30; las seis horas más largas de mi vida.

El primer día que regrese a laborar después de mis vacaciones me dieron la indicación de entrar. Me sentí nerviosa y con temor, así que avisé a mi esposo que estaría incomunicada. No metí celular ni lapiceros, ningún objeto personal.

Mis compañeras me orientaron de cómo me colocaría mi EPP y cómo lo retiraría, me acompañaron a pedir el kit que dan en el hospital para complementar con lo que yo compré; paso a paso me fueron orientando, mientras mi corazón latía rápido y mi manos se volvían torpes.

Salieron del vestidor y me quedé sola. Cerré los ojos, suspiré y pedí a Dios que me protegiera.

Mi compañera no me reconoció, su voz era de alivio porque ya iba a salir. Sus goggles estaban completamente empañados –no entiendo cómo podía ver–, el clima era insuficiente, ya tenía calor y acababa de entrar.

Le recibí el servicio, todo un ritual explicándome pequeños detalles que en el desempeño diario no son tan importantes, pero en Covid evitan que puedas contaminarte. Después la ayudé a que se retirara el EPP y pudiera salir del área.

Fue entonces que quedé sola con los pacientes. En las seis horas que estuve ni un médico se fue asomar y pensé "nos dejan solas a las enfermeras y andan de revoltosos".

Cuidé de mis pacientes, estaban estables. Dentro de su gravedad solo dormían y pensé en sus familias y deseando que se recuperaran pronto. Ambos presentaban probabilidad de complicarse por ser diabéticos, así que hice todo lo prescrito, platiqué con ellos... a uno le di un pequeño masaje pues decía que le dolía mucho la espalda.

Al inicio –debo ser sincera– no quería ni tocarlos por temor; luego se me pasó. No sé cuántas veces cambié mi tercer par de guantes. No sé cuántas veces use gel, al grado de que hasta lavaba los lapiceros.

Pasaban los minutos y se me hacían una eternidad, era un calor insoportable. Sentía cómo el sudor escurría por mi espalda. A las cuatro horas me sentí angustiada, que ya no podía más estar adentro, quería salir, estaba ansiosa; quería quitarme todo pero yo solita me tranquilizaba.

En dos ocasiones una compañera fue y nos comunicábamos con ayuda de una pizarra: yo le escribí algunas dudas, ¡qué frustrante era solo verla a través de la puerta de cristal! Mis pacientes seguían durmiendo, confiando en que yo seguiría cuidando de ellos.

Descubrí que al agacharme salía el aire retenido en mi overol y ¡eso se sentía rico! Las últimas dos horas se me hicieron eternas.

A las dos de la mañana deliraba pensando en el virus, me picaba la nariz, la cara, sentía que ya me dolía mi oreja. Quería mover un poco mi N95 pero me aguanté, solo me acordaba de mis hijos y los imaginé durmiendo tranquilos. Eso me calmaba.

Sin embargo, mi pánico seguía aumentando al notar que mi compañera no llegaba, pensé que estaría todo el turno ahí dentro y me puse a chillar... ¡ya no aguantaba!, así que toqué fuerte la puerta para que el vigilante me viera. Por fortuna, mi compañera ya se estaba colocando su kit, así que sentí un gran alivio.

Mi compañera entró únicamente con el EPP con le proporcionó el hospital y pensé ¡gracias a Dios yo tengo para poder adquirir el overol y unos goggles adecuados para que no se empañen!, pero mis compañeras se exponen demasiado y eso los jefes ni siquiera le dan importancia.

Cuando por fin salí fue nuevamente todo un ritual para retirar, el equipo. Salí como loquita del área y dejé a mi compañera sola. Después fue otro ritual para salir de vestidor Covid, todo se quedó ahí. Tuve que salir solo con una bata encima porque no había uniformes. No obstante, sentí alivio de salir, no importaba cómo estaba vestida.

El siguiente ritual fue para bañarme y ya ponerme mi uniforme. Temprano, mi jefa me preguntó si entré al módulo y que qué se sentía estar ahí adentro. En mi pensamiento se la menté: sentí que preguntó en forma de burla.

Finalmente, era momento de volver a casa, así que comencé a desinfectar todos mis objetos personales y salir sin uniforme. Al llegar a casa me di otro baño, ¡hasta cloro le puse al agua! y rompí en llanto. Por fin vi a mis niños y los abracé. Ese mismo día nos dieron la noticia que un compañero estaba grave en otro hospital de Poza Rica.

A sus 90 años, doña Carmen vence al Covid-19, en Veracruz

Doña Carmen, de 90 años, fue uno de los 11 pacientes que el fin de semana abandonaron el Hospital Regional de Alta Especialidad de Veracruz tras recuperarse de la enfermedad del Covid-19.

Según el Issste, doña Carmen representa la derechohabiente de mayor edad que se recupera del Covid-19 en el Hospital Regional de Alta Especialidad de Veracruz.

A través de su página del Facebook, el Issste agradeció al personal del sector salud los esfuerzos que se realizan contra el Covid-19

"Ella es doña Carmen de 90 años, una de los 11 pacientes que fueron dados de alta este fin de semana en el HR de Alta Especialidad del #Issste de #Veracruz. La abuelita Carmen es la derechohabiente de mayor edad que se recuperó del #Covid-19 en nuestro nosocomio."

Integrantes de la familia Lastra Márquez agradecieron a médicos, enfermeros y demás personal del Hospital Regional de Alta Especialidad del Issste las atenciones que tuvieron para doña Carmen, quien abandonó las instalaciones en silla de ruedas, pero consciente y recuperada.

"Les damos las mil gracias a todo el personal de esta clínica, doctores, enfermeras. A todos mil gracias por las atenciones que tuvieron para nuestra madre. Mil gracias por habérnosla entregado consciente y sana como va. Gracias a nombre de la familia Lastra Márquez".

Activación de código naranja en hospitales, llamado a protegerse

Cuando el código naranja suena, el hospital se paraliza, nadie puede salir o entrar de las áreas. Los pasillos y elevadores quedan desiertos para dar paso a los pacientes de Covid-19. Luego de que pasan, se sanitizan las áreas y se puede regresar otra vez a la normalidad.

Jesús, enfermero del Centro de Alta Especialidad (CAE) Dr. Rafael Lucio, dice que la alerta es cada vez más frecuente. El nosocomio ya fue convertido a sitio exclusivo para atender Coronavirus y los espacios de urgencias se empiezan a llenar de pacientes enfermos y de algunas muertes por Covid-19 y neumonía.

El reporte de la Secretaría de Salud indica que Xalapa tiene 46 casos positivos y cuatro fallecidos por cororonavirus, además de 22 casos sospechosos. El sistema registra otras 10 muertes por neumonía atípica entre abril y mayo.

Los datos abiertos federales, contabilizan 206 casos analizados, de los cuales poco más del 30 por ciento fueron hospitalizados. 47 de ellos presentaron un cuadro de neumonía y apenas seis necesitaron ser intubados.

La menor de las pacientes hospitalizadas es una niña de cinco años que dio positivo a neumonía aunque su prueba de Covid-19 dio negativo. Y también está el caso de una joven embarazada de 21 años que fue sospechosa por presentar síntomas.

Los casos que se fueron sumando le cambiaron la mirada a Jesús, quien en enero pasado era escéptico del virus. Veía las noticias y le parecían una exageración.

El panorama se transformó conforme pasaron los días. Primero, el personal vulnerable del hospital se tuvo que ir. Los que quedaron cubrieron los turnos extras; se compró material especial de seguridad que no abastecía para todos los compañeros.