Política

Fin de época y transformación para despistados

mayo 22, 2020

Puede ser que el término transformación, y lo que soporta más allá de su acepción, no sea tan asimilable después de todo. Que el manoseo narrativo del viejo régimen; la repetición recalcitrante, fortuita e insustancial de conceptos e ideas, con su liturgia acartonada de fechas y salmos, haya terminado por vaciar de contenido nociones fundamentales para emprender el entendimiento de lo público. Sabemos además que el relato de cambio político quedó clausurado para una generación entera después del artero simulacro democrático que significó el sexenio de Vicente Fox. La feroz simulación, la continuidad rampante. Así, los más cínicos bien podrían haber esperado que esta alternancia real no distara mucho de los relevos gerenciales del pasado. Se equivocaron.

Si, la ignorancia y el cinismo, la zozobra de la incertidumbre, e incluso tal vez la ingenuidad, explican en buena medida el pasmo con que un universo de actores vacilantes se sitúa en el pantano de la indefinición mientras en México acontece el proceso político y social más significativo de las últimas décadas. Ante el estrabismo y la estrechez de miras, además de la acostumbrada mezquindad, no se puede más que responder con contundencia y claridad: hoy en México se encuentra en marcha acelerada la transformación de un régimen político. Atestiguamos –aquellos que estamos dispuestos a observar lo evidente, por lo menos-, la construcción de una nueva convivencia social, sustentada, permitida y alentada, por la operación de una relación de poder también inédita.

Quienes sí entienden bien lo que sucede, activamente invirtiendo recursos económicos para reaccionar y resistir, al margen incluso de los lindes democráticos constitucionales, son los que por décadas usufructuaron de un régimen corrupto diseñado precisamente para servir sus propios intereses. Estos actores, acostumbrados a incidir de manera directa en la construcción del andamiaje jurídico e institucional, con el único objetivo de mantener y robustecer sus privilegios, hoy acuden con franco desquicio a desleales campañas de difamación y a embates coordinados de claro tufo golpista. Que lo hagan precisamente en tiempos de pandemia, de sufrimiento y contingencia, utilizándolo incluso como pretexto para exigir un trato preferencial al que sienten todavía tener derecho, no hace más que exhibirlos como falazmente oportunistas además de moralmente indefendibles.

Ya sea el Consejo Coordinador Empresarial, el Consejo Mexicano de Negocios o cualquier otra de sus variantes, acompañados fielmente pos sus acostumbrados escuderos partidistas, lo que realmente subyace a sus insensatas diatribas no es una supuesta defensa de las micro empresas en tiempos de crisis; afirmación que no podría más que provocar carcajadas, no sólo por el histórico maltrato que esta élite le ha procurado a dicho sector, tan importante y hasta ahora olvidado, sino porque precisamente en estas semanas se han colocado, como parte de una política de reactivación económica, más de tres millones de créditos a la palabra para micro negocios y empresas familiares. No, el fondo del asunto, el conflicto político mayúsculo y trascendental que hoy atestiguamos, encuentra su origen en cuestiones incluso más concretas: las reformas constitucionales y modificaciones legales que de manera tangible han abonado a desarticular el pacto de impunidad y privilegios del viejo régimen. Todo esto, claro está, como resultado de una voluntad política auténticamente transformadora.

A partir de la cancelación del aeropuerto de Texcoco -hecho paradigmático que desde entonces prefigura la inercia ascendente del conflicto-, la acreditación factual de que lo que iniciaba era de verdad una transformación profunda y radical no ha hecho más que materializarse en diversas modificaciones normativas que previsiblemente han sido después desafiadas por esta oligarquía, toda vez que responden al compromiso social de compartir los beneficios de la cooperación social, poniendo freno al lucro desmedido que un puñado hizo al margen de la ley por años.

Económicamente hablando, que es lo que políticamente importa, el combate frontal a la evasión y defraudación fiscal, prohibiendo en grado constitucional la inmoral condonación de impuestos, así como la ilegalización y persecución activa del tráfico de facturas, significa que ahora el ente colectivo podrá distribuir en educación y salud para la mayoría de los mexicanos cientos de miles de millones de pesos que anteriormente se iban a las cuentas bancarias, en paraísos fiscales además, de los ya mencionados críticos de la cuarta transformación.

Son, pues, momentos de definición. La transformación no se detendrá, no puede detenerse. Millones exigen un sistema más justo y equitativo; donde se privilegie la solidaridad y la empatía, por encima de la rapiña y el despojo. Cada quien tendrá que elegir su lugar. Hoy, este es el debate. El conflicto apenas inicia.

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