La dialéctica mañaneras vs popolo ascendido
mayo 16, 2020 | Andrés Zamudio

No soy precisamente fan de la estrategia comunicacional del gobierno federal; respecto al mismo, intuyo en el fondo una intencionalidad que no está precisamente en la literalidad de los discursos, aunque no alcanzo a comprenderla. He visto por ahí a algunos críticos de López Obrador (los menos) que lo identifican como un maestro de la polémica y un buen pescador en la revoltura. Habrían de explicarnos mejor cómo es que ocurre esto de ser cierto. Para mis sospechas, descarto la navaja de Hanlon, que nos dice que no atribuyamos a la perversidad lo que puede ser explicado por la estupidez, y la descarto por dos motivos: el primero es que venimos de un sexenio en el que fue bastante claro que las "ocurrencias" y desatinos del discurso presidencial sirvieron como telón "cómico" de los atropellos y desfalcos de esa administración. Si tales desatinos hubiesen sido negativos para los objetivos inmediatos del régimen de entonces, hubiesen intentado corregir algo con asesores a lo largo de seis años. Nunca existió la intención de corregir nada. Antes, todo fue dar rienda suelta al humor penoso que generaba Peña Nieto. El otro motivo es la incredulidad que me generan los principios teóricos; el principio, como tal, tiende a la metafísica de lo universal, pero los acontecimientos de la realidad, en su existencia particular y única, no se dejan reducir a las generalizaciones.

Tampoco pretendo hacer un paralelismo entre AMLO y Peña Nieto, pese a la repentina visión pesimista de los profetas del apocalipsis mexicano, y las múltiples vacilaciones y corruptelas de actores del régimen actual, considero que hay un enorme abismo de distancia entre las intenciones de un régimen y otro, lo mismo en la calidad e intenciones de sus discursos. Pero no voy a ahondar por ahora en esto. Lo que sí me llama la atención es el sector social, o más bien el perfil individual, de los que resultan más indignados con las declaraciones de AMLO, la especie de dialéctica que se ha generado entre los discursos mañaneros y la respuesta "crítica" de los opositores ascendidos en la jerarquía socioconsumista y profesional del país ¿Será la intención destapar esta clasista caja de Pandora? No es que estén ontológicamente constituidos de alguna sustancia especial, pero como reza el adagio evangélico: "por sus frutos los conoceréis". Esos frutos son muy identificables en sus palabras, expresan cabalmente toda la concepción de la vida que tienen inyectada, desde hace mucho, en las venas. Hay que leerlos para creer, no por el clasismo demostrado, que sabemos de sobra abunda, sino por la total y descarada falta de eufemística. Comprenderles es como aceptar que por liberales y libertinos, dentro un supuesto y democrático sistema libre que defiende la libertad a ultranza más allá de toda implicación filosóficamente moral, podemos decir y aceptar "somos cochinos y trompudos por el ejercicio de la libertad legal y constitucional, así sea que nos quede demasiado grande la trompa".

Yo leí en estos días, en redes sociales, a alguien indignado por la mediocridad implícita en las palabras del presidente, quien no comprende que el patrón del éxito para un abundante grupo de individuos compatriotas está real y literalmente indicado por criterios tales como el carro del año y otras vanidades esenciales conceptualizadas también en oximorones. Mediocres, nos dijo, a quienes no tenemos un auto del año, siquiera de la década, imagínense a los que no tenemos ni bicicleta. Pero la esencia es esa, el liberalismo mercantil ha sabido colonizar a la sociedad: la virtud es el consumo y no consumir, así sea que estés repleto, implica mediocridad. Está perfectamente claro.

A alguien más le vi patalear, con tono imperativo y mayúsculas elocuentes y definitivas "ES MI PINCHE DINERO Y ME LO GASTO EN LO QUE SE ME PEGUE LA RECHINGADA GANA" (Sic) ¿Pues quién le dijo que no? Defenderemos con la muerte su libertad constitucional de gastar y gastar: tablets, compus, I Phone, así lloren los ecologistas en los vertederos de Ghana y otros inmundos rincones de África. La democracia liberal consumista y emprendedora quizá brindará libertad y oportunidad a los jodidos niggers, quienes podrían apropiarse de sus circunstancias al hacer de la pepena un emporio económico. Defenderemos esa libertad así sean tiempos de pandemias y colapsos económicas que no soporten más las fantasías de grandeza individual... sí de grandeza reflejada en el consumo. Defenderemos esa libertad así no se entienda nunca que las acciones de consumo nos afectan colectivamente y que el poder y la libertad de consumo de un individuo emanan de todos.

Y no es que no requieran matices los dichos del presidente, pero los dichos del popolo ascendido no los requieren en lo absoluto, es una verdad pelada y cruda. Si López Obrador dice "A los ingenieros y arquitectos les molesta que los comunes y corrientes sepan hacer caminos y casas", habría que decirle, es verdad, pero las profesiones son importantes más allá de su corrupción. Al popolo ascendido esto no le importa porque lo que queda claro es que ellos estudiaron sólo para distinguirse de la perrada. Qué matices, qué aclaraciones ni qué la chingada. Lo del popolo ascendido es "a mí no me confundan con pendejos que para eso estudie". Al cabo que ni que estuviéramos en Europa, irónico modelo de los ascendidos, en donde el oficio vale más que la profesión. Y bueno, con estos individuos que se encueran dialécticamente a la menor mañanera, que diga, provocación nos tocó hacer república ¿ Qué más hacemos?

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