Política

Pensar desde hoy

mayo 15, 2020

Si bien la situación del Covid-19 es un tema de salud, lo económico no se puede dejar de lado, sobre todo cuando la cuarentena está afectando a los comercios y trabajadores que no perciben salarios fijos, sino que dependen de las ventas diarias para mantener su operación. Mantener el bienestar de estas personas exige la necesidad de reflexionar en lo que creemos que es la esencia de un negocio.

La persona encargada de un comercio debe preguntarse constantemente cuál es el concepto clave de su producto o servicio, qué lo hace ser lo que es en el mercado y qué le distingue de la competencia. Hacer de estos cuestionamientos un hábito permite a los proveedores evolucionar de acuerdo con su mercado y un perfeccionar constantemente procesos, analizar el uso de recursos y, sobre todo, lograr la satisfacción del cliente o usuario. Revisar estas cosas es un ejercicio sano que no sólo aplica en tiempos de crisis y contingencias. Cuando un dueño, director, gerente o proveedor se cuestiona sobre lo que hace único su producto o servicio puede descubrir con pertinencia lo que sobra y lo que falta. Preguntarse cuál es la finalidad o el motivo, qué es aquello que hace que su giro sea lo que es y su diferencia con la competencia le permite saber de qué puede prescindir, qué puede mejorar y qué puede transformar para que su mercancía o servicio pueda seguir llegando al consumidor final.

De manera general, el motivo para tener un negocio es obtener una ganancia de lo invertido y aquello a través de lo que se logran son medios, no un fin en sí. Por ejemplo, si hablamos de una cafetería, lo esencial es obtener ingresos por la venta de bebidas; si el cliente lo consume en el local o no, es secundario. Lo mismo ocurre con restaurantes, proveedores de diversos equipos o mercancías, insumos, etc. Esto no es nuevo. A lo largo de la historia los comerciantes y proveedores innovan y reinventan volviéndose ejemplos de sus ramos. Recientemente hemos visto revoluciones comerciales como la transformación del telemarketing y catálogos impresos en ventas por internet. La pregunta en este texto no va dirigida a las grandes empresas que suponemos saben la importancia de la innovación y han sabido implementar estos cambios, sino para el comercio local, para nuestra hipotética cafetería de la esquina.

Aquí la insistencia es por un ejercicio de meditación constante sobre nuestras actividades productivas, así como la revisión de lo que es en sí el propio negocio o servicio y las circunstancias que le rodean. En la crisis puede haber pánico o frustración, pero también creatividad y reestructuración oportuna y eficaz. Aquellos que se hicieron estas preguntas apenas vieron los titulares hace algunas semanas ya tienen ventaja. La información no les generó pánico. Donde otros vieron problemas, ellos ya veían soluciones. Han tenido tiempo para pensar en estrategias, en ensayarlas, en equivocarse y mejorar: han logrado depurar su proceso. No han caído en emergencias, sino que han sabido mantenerse vigentes en mercados cada vez más complejos.

Algunos comercios que dependían de la presencia de sus clientes diarios se están dando cuenta de la necesidad de las entregas a domicilio. Aunque han disminuido sus ventas en estos periodos resisten atendiendo a distancia, llevando el producto o servicio a las calles alrededor de sus locales físicos, atendiendo a través de redes sociales o de servicios externos de reparto. En algunos casos, como cafeterías y fondas, sus meseros siguen trabajando como repartidores, que a su vez atienden a los proveedores de productos de servicios quienes, por su importancia o necesidad social no pueden dejar de laborar físicamente en sus espacios de trabajo durante la contingencia. Se difunden en redes sociales casos como las taquerías que desde las primeras notas al respecto del Covid-19 y las medidas sanitarias comenzaron a darle a sus clientes números telefónicos y poner a disposición del público opciones de entrega, así como limitar sus espacios para atender la clientela. La esencia de la taquería es el taco, no dónde lo come el cliente.

De manera paralela a la contingencia estamos atestiguando cómo aquellos proveedores que se resistían a ver el comercio electrónico como una herramienta útil para ellos ahora lo están pensando en serio. En esta época los comercios pueden generar ganancias independientemente del espacio en el que se atiende al público.

De ahí la proliferación de "cocinas fantasmas", donde la comida llegue al cliente sin depender del local. Ahora se vuelve necesario renovar los métodos, fortalecer sistemas electrónicos, así como procesos de cobro y entrega. Todo esto no es nuevo, basta con recordar la innovación que representó Magazine Luiza para el mercado brasileño de los 90.

Sin embargo, siendo conscientes de las dificultades, también hay que reconocer que unos comercios lo tienen más difícil que otros. Aquí entra también la capacidad de reinventarse. Por ejemplo, hoteleros y locatarios de parques o espacios públicos tienen que pensar qué productos y servicios pueden seguir ofreciendo sin esperar que llegue el cliente: cómo llegar al consumidor con su servicio o mercancía respetando las medidas de higiene ante contingencia. No toda la infraestructura o servicios de un hotel depende de que el cliente se desplace, pues algunas funciones podrían ir a éstos, como la lavandería o el restaurante.

Tenemos la responsabilidad de repensar, reinventar y reorientar la economía de nuestras comunidades, pues el tiempo está en contra. Los proveedores son responsables tanto de su propio negocio como de sus empleados, los cuales a su vez tienen familias por las cuales trabajar. El cliente puede hacerle saber a los proveedores de su preferencia qué les gusta de ellos y qué necesitan que se les haga llegar. De las preguntas que cada proveedor se haga respecto de sus actividades depende que cada día que pasa traiga consigo ganancia o pérdida.