Política

Hacia la post pandemia

mayo 14, 2020

De modo diferenciado empieza a desmontarse el apagón de actividades económicas y sociales en este vapuleado planeta. Los efectos del apagón económico por la pandemia habrán de verse con mucha más claridad en los meses siguientes. No sólo en los aspectos económicos sino por los impactos que habrá de tener el encierro. Curiosa la aceleración de la digitalización de las relaciones sociales. Era una tendencia clara desde los noventa con las primeras salas de IRC (Internet Relay Chat), pero el mundo post pandemia dejará una impronta que se antoja honda y algo amarga por sus implicaciones ontológicas. Y mientras, la fase tres de la emergencia sanitaria excita imaginaciones sobre la inflexión que implica la curiosa combinación y sincronía de una pandemia que encierra a buena parte del planeta en casa y causa sentimientos fuertes de miedo que exhiben la habitual contradicción del comportamiento humano. Por un lado la abnegación de los profesionales de la salud, que no regresarán a sus casas por las noches para no dispersar la enfermedad y pernoctarán en Los Pinos en instalaciones adaptadas por la emergencia. Por el otro, las expresiones de mezquindad de las que somos capaces como colectividad. El miedo es mal acompañante y peor consejero, y se ha agredido o discriminado a personal con uniforme de enfermera en las calles por miedo a ser contagiados. Patético.

Pasan cosas; entre otras, la ofensiva desatada claramente por las fuerzas conservadoras que enloquecen con el presidente y el cambio completo en la prioridad del Estado mexicano y que durante casi décadas arteramente olvidado: el bienestar de los gobernados. La razón de ser del Estado, lo único que justifica y hace redituable lo que se pierde en libertad personal cuando los beneficios son mayores que los sacrificios o los costos que hay que pagar por ellos.

Durante décadas los gobiernos mexicanos decidieron atender a otra racionalidad, a la del mercado como regulador y distribuidor eficacísimo de los intercambios sociales. Los costos han sido altísimos, se traicionó la esencia del pacto legitimador mexicano en beneficio de actores que ni mexicanos eran y de una élite gobernante profundamente corrompida y dócil a los grandes capitales. Están enojados y asustados, unos se rebelan y se niegan a cerrar sus tiendas, otros promueven ideas golpistas por negarse seguir con la ortodoxia neoliberal de endeudar al país para sacar las castañas del fuego a sus empresas.

Las prioridades cambiaron, ahora se trata de apoyar a los más vulnerables frente a la crisis económica. Es posible que esta crisis no sea el fin del neoliberalismo. Pero más le vale a los gobernados exigir que sus gobiernos no sigan las lógicas convencionales y sus recetas. Porque de seguir en la dinámica salvaje y depredadora, el futuro inmediato de la especie es desaparecer. Por su propia mano, además.