Política

Demenciales II

mayo 06, 2020

En 2017 más de quince mil científicos de 184 países emitieron una ominosa advertencia a la humanidad: el tiempo se está acabando, "pronto será demasiado tarde para cambiar el curso de nuestra fallida trayectoria". El Panel Internacional sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), patrocinado por las Naciones Unidas, aseguraba que para evitar el desastre necesitamos "cambios rápidos, de gran alcance y sin precedentes, en todos los aspectos de la sociedad".

Pero la lógica absurda de que sin crecimiento económico no hay progreso dio al traste con toda posibilidad de que fueran escuchados. Falta por ver si el impacto del coronavirus hace entrar en razón a los gobiernos y a los capitanes de las industrias corporativas.

Existe el el peligro real de que, en lugar de cambiar el rumbo, los tomadores de decisiones sean los mismos que metieron al planeta y la Humanidad que lo habita en este problema y, en la lógica de maximizar ganancias para los accionistas, la industrialización ad nauseam continúe. Los precios del petróleo se precipitan y el país se ve obligado a ajustar su programa. Es esperable que los precios del petróleo se recuperen relativamente pronto, de otra forma los mexicanos y su gobierno deberán ajustarse a las circunstancias.

China ha flexibilizado sus leyes ambientales para impulsar la producción mientras intenta recuperarse de su brote inicial de coronavirus, y la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (de nombre anacrónico) aprovechó inmediatamente la crisis para suspender la aplicación de sus leyes, permitiendo que las empresas contaminen todo lo que quieran siempre que puedan demostrar alguna relación con la pandemia, lo que parece indeseado pero será necesario para iniciar una transición tecnológica y de modelo económico de cara a las necesidades de sobrevivencia planetaria.

También existe la probabilidad nada despreciable de que se configuren bloques de poder previamente arraigados que apelando a la excepción eliminen buen parte de las libertades y derechos ciudadanos.

No falta en el mundo quien se aprovecha de la crisis para justificar medidas drásticas contra las libertades individuales y dirigir a sus países hacia el autoritarismo. En México, la derrota total de los partidos políticos ahora de oposición los dejó completamente disfuncionales y la oposición política es conducida por empresarios beneficiarios del régimen anterior. No hay que olvidar que incluso llamaron a un golpe de Estado.

El presidente de Hungría aprobó un proyecto de ley que le permite gobernar por decreto, con penas de cinco años de prisión para aquellos que determine que están difundiendo información falsa. El Primer Ministro de Israel cerró los tribunales de su país a tiempo para evitar su propio juicio por corrupción. En los Estados Unidos, el Departamento de Justicia incluso presentó una solicitud para permitir la suspensión de los procedimientos judiciales en casos de emergencia, y hay muchos que temen que Trump aproveche la agitación para instaurar la ley marcial e intente comprometer la elección de noviembre.

El aumento de la vigilancia de alta tecnología que se está produciendo en todo el mundo está socavando rápidamente los derechos de privacidad que antes eran sacrosantos. En esto está la discusión sobre la 5G. Israel aprobó un decreto de emergencia para seguir el ejemplo de China, Taiwán y Corea del Sur en el uso de lecturas de localización de teléfonos inteligentes para rastrear los contactos de personas que dieron positivo en las pruebas de coronavirus.

Si estas y otras tendencias similares que surgen continúan, bien podría terminarse en un escenario de regionalismos con bloques de poder autoritarios que den al traste con las libertades relativas que gozamos. El abismo entre los que tienen y los que no tienen puede empeorar, especialmente si los tratamientos para el virus están disponibles, pero a un precio fuera del alcance de algunas personas. El planeta, que ya enfrenta la perspectiva de un desastre climático, puede enfrentarse a un colapso si el coronavirus se extiende por toda su población mientras una depresión mundial les priva de fondos para mantener incluso las infraestructuras mínimas con los sistemas de salud despedorrados por la racionalidad neoliberal

Las fronteras pueden convertirse en zonas militarizadas, cortando el libre flujo de paso. La desconfianza y el miedo, que ya ha mostrado su cara horrible en los desalojos de médicos a causa del pánico en varias partes del mundo incluido México y en la compra de armas automáticas en los Estados Unidos, podrían hacerse endémicos.