Política

El hambre y la pobreza, la peor epidemia

abril 30, 2020

Por razones obvias, dado que el principal enfoque de atención mundial es el Covid-19 y sus efectos perniciosos en la salud pública y en la economía, hay otros problemas más añejos que vienen acompañando a la humanidad desde tiempo inmemorial, y acaso son más dañinos, que han pasado a un segundo plano y están ahí agazapados en espera de volver a ser noticia con efectos mucho más devastadores.

Entre otros de ellos, como algunas enfermedades estacionales recurrentes, disputas bélicas, crisis económicas, daño ambiental, etc., se encuentra en primer lugar el hambre, ese lastimoso compañero de la pobreza, la desatención y el desinterés de la clase gobernante y de empresarios voraces que sólo le han rendido culto al dios del mercado y las finanzas sanas.

El frenón de la actividad económica que aparejó la pandemia augura un oscuro panorama para millones de familias en todo el mundo. Antes de que acabe este 2020, según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, se calcula que las complicaciones económicas de todas las naciones harán que se duplique prácticamente –en relación al año anterior– el número de personas expuestas a inseguridad alimentaria aguda.

Según el organismo internacional, existen elevadas posibilidades de que la pandemia se convierta en una catástrofe humanitaria mundial. Y aunque todavía no hay países en situación de gravedad, exhorta a los gobiernos a prepararse para enfrentarse a múltiples hambrunas de carácter bíblico.

La ONU recomienda algunas acciones concretas para paliar un problema inminente, del que nuestro país no estaría a salvo dado la brutal generación de mexicanos en situación vulnerable que acumularon los gobiernos panistas y priístas y que coloca a más del 60 por ciento de la población en el umbral de la pobreza extrema; entre otras de esas medidas indica el establecimiento de rigurosos y objetivos registros de personas en pobreza alimentaria; la asistencia alimentaria para mejorar la nutrición de los grupos más vulnerables; reforzar los sistemas de protección social para garantizar el acceso a los alimentos y todo ello bajo un sistema de subsidios en los que el Estado garantice la dispersión del dinero público y fortalezca la cadena de suministro de alimentos.

Visto así y bajo esa óptica de emergencia, desde su inicio el gobierno de López Obrador estableció una estrategia de redistribución del gasto público de manera similar a la que recomienda la ONU para prevenir la crisis alimentaria que prevé se avecina. Pero como hemos visto, los grupos reaccionarios y enemigos enconados de todo lo que haga o diga el Presidente, se han dedicado todos estos meses a cuestionar una política económica que se planteó considerando a México como si hubiera sucedido una gran tragedia que pulverizó las mínimas condiciones de bienestar del grueso de la población.

Totalmente insensibles a la gran tragedia nacional, han decidido combatir al "populista" mandatario atacando desde todos los frentes, cuestionando que el erario se dilapide en asistencialismos, que para ellos, significa descapitalizar la economía nacional porque el dinero que gobiernos anteriores les daba a manos llenas a los empresarios "generadores de riqueza y del empleo" como les gusta llamarse a si mismos, ahora se utiliza para paliar la inmensa pobreza del país.

Como sea, lo relevante del caso es que sin pretenderlo porque era difícil prever una epidemia como la actual, el gobierno lopezobradorista ya lleva camino avanzado en la construcción de medidas que enfrenten la eventual crisis alimentaria. El tiempo dirá si estuvo acertado o no lo que esta haciendo el tabasqueño.