Política

Pensar desde hoy. De las necesidades y los satisfactores en la búsqueda de un nuevo desarrollo

abril 28, 2020

La palabra desarrollo tiene una fuerte carga simbólica en el imaginario social y se le ve como el fin último y el proceso más deseable al que deberían apuntar todos los organismos vivos a todas escalas, desde un niño, hasta una sociedad. Es una palabra que ha sido tan manoseada que llega a vaciarse de sentido y sus condiciones son aceptadas de manera dogmática. Todos los esfuerzos e impulsos vitales tienden al desarrollo, en el caso de un organismo viviente, digamos un mamífero o un individuo de cualquier otra especie, es fácil entender esto como un proceso que suma, que va de menor a mayor tanto en escala cuantitativa como cualitativa. Pero en el caso de una sociedad ¿cómo se debe entender y aplicar?

En la dimensión socioeconómica el desarrollo se comenzó a entender como la acumulación material, y se ha medido con indicadores como el PIB, la balanza comercial, y el poder adquisitivo de una moneda. Paulatinamente se fueron incorporando otras variables como educación y acceso a la salud, pero siempre bajo la tónica de un desarrollo económico como principal indicador. Esta conceptualización está tan arraigada desde finales de la segunda guerra mundial cuando el presidente estadounidense Harry S. Truman en un foro mundial declaró que existen países desarrollados y otros subdesarrollados, termino remplazado más tarde con el eufemismo de países en vías de desarrollo. Cabe decir que toda América Latina figura dentro de esta categorización. La teoría de desarrollo que privilegia el libre mercado bajo la máxima de que la riqueza se iría permeando de los estratos más elevados hasta las bases, sufrió un quebranto en la década de los setenta cuando se demostró que esta máxima no estaba siendo cumplida, y por el contrario los índices de desigualdad, pobreza y desempleo se elevaban al tiempo que la acumulación de capital por unos cuantos incrementaba. Es entonces cuando surgen nuevas conceptualizaciones del Desarrollo.

Desarrollo Sutententable, Desarrollo Regional, Desarrollo Económico Local, Desarrollo Endógeno, Desarrollo Comunitario han sido algunas de las teorías que buscan dar un nuevo sentido al concepto en la actual crisis civilizatoria. El economista chileno Max Neef, por ejemplo, propone una teoría de desarrollo a escala humana basada en la relación de necesidades fundamentales humanas y sus satisfactores para alcanzar la mayor calidad de vida del individuo y su sociedad. Siendo ésta el indicador cualitativo de la propuesta.

Las necesidades fundamentales, afirma Neef, son finitas y su condición no está dada por la cultura, el tiempo y el espacio. Por otro lado, son los satisfactores de estas necesidades los relativos y los que están determinados por estos elementos. Neef propone una matriz de necesidades humanas de 9 x 4 donde en un eje coloca nueve necesidades según categorías axiológicas (subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad) y en el otro eje identifica cuatro necesidades según categorías existenciales (ser, tener, estar, hacer). Todas las anteriores están en dinamismo y comparten relaciones complejas e interdependientes. La alimentación, por ejemplo, es en principio un satisfactor de subsistencia; el modo generarlo y organizarlo es lo que a su vez puede estimular otras necesidades como la de participación, protección e identidad.

Esta es una coyuntura que nos emplaza en la urgencia de imaginar satisfactores que puedan saciar la raíz de un problema de manera genuina y no de una manera utilitaria. Tomemos el caso de la necesidad de protección; actualmente están considerados los cuerpos armados como objetos de seguridad avalados por el miedo que se transmite tan eficazmente por los medios de comunicación masiva, estos no tendrían razón de ser si el miedo estuviera excluido de la ecuación como esta contraparte que lo legitima. Sucede lo mismo con el desarrollo sustentable, este hermoso y novedoso adjetivo para calificar al desarrollo esconde una última perversión y necedad del capitalismo por seguir produciendo y generando ganancias incluso frente a la evidencia devastadora del agotamiento de los recursos naturales.

Lo anteriormente expuesto no es una apología al modelo de Neef pero indudablemente propone otras categorías que han sido sistemáticamente excluidas de la conceptualización de desarrollo. Los cambios en los paradigmas que estamos viviendo actualmente requieren que los individuos se involucren en el desarrollo no solo desde la conceptualización sino también en la praxis y crítica cotidiana, apostando a la generación de vías colectivas, solidarias, de confianza, de creatividad, que no forzosamente apunten a la cantidad de crecimiento monetario sino a la mejora en la calidad de vida.