Política

Ciencia, neoliberales y porqueros

abril 26, 2020

La polémica sobre el adjetivo neoliberal aplicado a la ciencia está a punto de esfumarse: hoy o mañana aparecerá otra controversia que enlodará con epítetos las aguas de la discusión útil. No obstante, vale la pena repasar dos conceptos: ciencia y ética científica.

La definición se puede rastrear al menos desde la Filosofía de la ciencia de Poincaré (1908), pasando por La estructura de las revoluciones científicas (Kuhn, 1962), hasta los últimos sesenta años de epistemología, pero Wikipedia la resume bien: "(Ciencia es el) conjunto de conocimientos objetivos y verificables... obtenidos mediante la observación y la experimentación… y la formulación y verificación de hipótesis (con) la utilización de una metodología adecuada…" Si uno de esos puntos no se cumple, no es ciencia.

Científico(a) es la persona que hace o intenta hacer ciencia y debería partir de principios éticos básicos (El Jarocho Cuántico número 41*): busca acercarse a la verdad y reconoce a la ciencia como un elemento importante de la cultura y de la vida, sin importar su posición política. Puesto que entiende a la verdad como patrimonio de la humanidad, comunica su saber con honestidad y generosidad y es inconforme, sin miramientos ante gobiernos e iglesias. Acepta sus ensayos fallidos como útiles en la creación científica, y duda de toda conclusión, incluidas las propias.

La(el) científica(o) defiende la libertad de pensar, de hablar, de seleccionar problemas y de los métodos para resolverlos; se opone a la censura de las publicaciones científicas, apoya el acceso ilimitado a las fuentes de información y promueve el intercambio de opiniones: por lo tanto, publica sus resultados de investigación sin la contaminación de intereses particulares. Se opone a que sus logros se utilicen para fines publicitarios, politiqueros o seudocientíficos, pues aun teniendo simpatías carece de las ataduras de las convicciones y de las creencias. No acepta encomiendas para las que no tiene preparación suficiente. No degrada la dignidad humana ni perturba el entorno social o ambiental, ni exige que sus colegas o subordinados actúen en contra de principios éticos, legales o de cuidado del ambiente. Cuando es preciso, alerta a la sociedad contra daños por fenómenos naturales o prácticas sociales o individuales, pero sin caer en catastrofismos irracionales.

En suma, entiende que su compromiso es con la verdad más allá de oportunismos personales o políticos, pues como dijo Antonio Machado citando a Juan de Mairena (¿o al revés?): "La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero", y acepta que de esta máxima no se salvan neoliberales ni emancipadores del pueblo sabio y bueno. *https://eljarochocuantico.wordpress.com/2014/08/05/el-jarocho-cuantico-41-ciencia-pseudociencia-y-etica/