Política

Orgánicos

abril 22, 2020

En tiempos complejos, las incertidumbres y los miedos asociados a éstas se agudizan. Los ánimos se exacerban y es entonces cuando las personas, las comunidades y los pueblos muestran lo mejor y lo peor de sí mismos. Nada nuevo. Es la historia de la humanidad.

Hoy, el país es gobernado por un hombre y su equipo de colaboradores dispuestos a poner a este país en pie luego de un largo y sofocante periodo de desmantelamiento de los bienes públicos y saqueo de las riquezas nacionales. Dicho en breve, un país quebrado y debilitado al grado de la responsabilidad criminal.

Los últimos dos gobiernos federales, el de Calderón y el de Peña Nieto, hicieron a la nación un daño multidimensional de proporciones oceánicas. Desde desmantelar su industria hasta una guerra pendeja a las organizaciones criminales que no eran sus cómplices. Entre una y otra un saqueo con avaricia grotesca acompañado completa enajenación del interés y bienestar público nacional.

Los perpetradores saben o barruntan lo que pueden esperar, especialmente los ex presidentes Fox, Calderón y Peña Nieto, junto con sus respectivas faunas cómplices de acompañamiento. Y reaccionan, como es de esperar.

La oposición partidaria fue barrida. En las elecciones fue evidenciada en sus marrullerías y está, por ahora, completamente desarticulada. Luego, son los empresarios beneficiados por el sistema de complicidades que era el régimen anterior, los que encabezan la oposición. Y lo hacen bastante mal llamando a un golpe de Estado. Pero tal es el nivel de la plutocracia jota que medra sólo al amparo de la corrupción.

Bien. Amanecimos ayer con una noticia tremenda, el desplome completo del precio del barril de petróleo que obedece, básicamente, a la guerra de precios que Arabia Saudita hace a los hidrocarburos obtenidos por fracking. Si eso lo previó con exactitud el gobierno mexicano es irrelevante, el hecho es que una de las primeras cosas que hizo al tomar el poder es contratar un seguro que garantiza pagar el precio del barril de petróleo. Hace poco más de 10 días, el país cobró la primera cuota de este instrumento contratado para proteger sus ingresos en 2020 en caso de que cayera por debajo de 49 dólares el barril. Y pasó.

La caída de los precios del petróleo obedece al apagón económico mundial debido a la pandemia Covid-19. No hay consumo de petróleo. El problema es grave y su eventual solución incierta, mientras la pandemia esté activa. El gobierno estadounidense quiere levantar las restricciones de movilidad, reiniciar las actividades productivas y tiene problemas para hacerlo no solo por la oposición de varios gobiernos estatales, sino porque México entra en la etapa más contagiosa de la pandemia en donde el aislamiento social debe ser rigurosamente observado en el resguardo de casa. Pero el cierre de diversas empresas en México afecta la producción de armamento en Estados Unidos, por lo que la administración Trump urge ya al gobierno mexicano su reapertura, dijeron este lunes representativos del Pentágono.

No es especialmente grave. Ya a principios de abril, el presidente López Obrador dijo que permitirá a las empresas automotrices y de autopartes retomar sus operaciones en el país, una vez que se reactive esta industria en Estados Unidos, para no afectar la altamente integrada cadena de suministro en Norteamérica.

No es difícil, ni se necesita una perspicacia especialmente aguda, para darse cuenta que la convergencia de situaciones complicadas para los mexicanos y su gobierno es intensa.

Hay formas de paliarlo, el gobierno compró un seguro para garantizar un precio mínimo por barril de petróleo vendido. Aunque pues habrá que venderlo primero y no será sencillo cuando no hay consumo y las reservas estratégicas de quienes acumulan energéticos estén saturadas. No hay, se dice, mayor capacidad de almacenamiento. Dicho en breve, está harto complicado.

Son tiempos estos de solidaridad y unión nacionales, pues. Tiempo de patriotas y de ciudadanos responsables. Las capacidades de refinación interna se reconstruyen, lo mismo que las de producción. No pasará demasiado tiempo en que la capacidad de abastecimiento de gasolinas no dependa de la importación absurda a la que los gobiernos anteriores nos condujeron. Infames.

Pero son tiempos de reconstrucción social, de restablecimiento las relaciones y las cadenas económicas colaborativas, de sintonizar con el principio de colmena. Muchos individuos que conforman un mismo organismo. Una sola conciencia, la mexicana.