Política

Entre la oposición y la traición al pueblo

abril 21, 2020

Una oteada a la prensa escrita mundial y nacional, a los noticieros, cadenas y agencias noticiosas deja al lector compatriota con una muy explicable sensación de desazón. La información reporta el desarrollo de la pandemia por el mundo y en varios casos los reportes son inquietantes, cuando no alarmantes.

Desde el inicio de la pandemia se han contabilizado más de 481 mil 300 contagios en 182 países. China, España e Italia son los territorios que, hasta ahora, han sido más afectados por la crisis de sus sistemas sanitarios debido a la importante cantidad de contagiados. Falta por ver el desarrollo del desastre estadounidense que, todo lo indica, es mayúsculo.

Es importante subrayar que las incapacidades de los gobiernos para no ser rebasados por la emergencia sanitaria obedece, más que a fallidas o torpes decisiones iniciales respecto –que las ha habido y mayúsculas–, a que los gobiernos simplemente dejaron que las cosas avanzaran y actuaron tardíamente.

En diversos grados todos los países han mostrado su impreparación para responder ante lo desconocido. La medida que ha sido el común denominador es el distanciamiento social. En no pocos países se han decretado restricciones draconianas a individuos y actividades que en general se respetan. No es el caso mexicano, en donde el manejo de la crisis vis a vis los resultados, puede considerarse de los exitosos.

Somos amenazados por un patógeno que no está vivo propiamente, pero tampoco es un ser inerte. La humanidad, junto con sus sistemas reproducción social y económica ha sido secuestrada en arresto domiciliario masivo. Un virus de unos 50 nano milímetros, invisible al ojo, es capaz de inmovilizar a más de 7 mil millones de seres. El impacto es brutal.

El gobierno mexicano, que recibió al país devastado en su sistema de salud y económico consecuencia de 36 años de gobiernos neoliberales, ha sido capaz de mantener la emergencia sanitaria bajo relativo control. Falta por ver cómo nos va cuando lleguemos a la transmisión comunitaria. Pero la decidida colaboración de la inmensa mayoría de la población, incluyendo a aquellos que viven al día por la precariedad de sus condiciones económicas, permite un optimismo cauto.

Echar a andar de nuevo el muy intrincado sistema de cadenas de valor implicará mucho más que la mera mecánica de reconectar los enchufes de la globalización. La mayoría de ellas ya no serán. Pero la reclusión forzada ha dado mucho qué pensar sobre el rumbo que llevan los actuales y proyectados arreglos económicos regionales e intercontinentales. En cuanto al desarrollo interno de cada país, hay que preguntarnos si deben confirmarse las fórmulas capital-trabajo actuales que crearon rotundas brechas que dividen al mundo entre un puñado de ricos y miles de millones de empobrecidos.

En México es imperativo resolver las diferencias que separan la masa de 5 millones de unidades micro, pequeñas, medianas y las grandes empresas de carácter internacional. La reactivación de la economía mexicana demanda una acción, sea oficial o de coordinación privada, consistente en vincular a las pymes, que emplean 90 por ciento de nuestra población activa. Esto implica la sustitución de ciertas importaciones con productos de fabricación nacional.

Desde luego, hay quienes están activamente interesados en que eso no suceda. Que quieren ampliar su poder y al que las políticas instrumentadas por el gobierno federal afectan. Sale entonces la mezquindad y la manipulación del miedo vía de la manipulación artera de desinformación. Salinas Pliego, su canal 13 y Denise Dresser son versiones de esto.