Política

Biopolítica: el virus amarillista y el de la estupidez humana

abril 13, 2020

"El hecho es que hoy ninguna persona con ojos para ver puede negar el pleno despliegue de la biopolítica."

Roberto Esposito

Vivimos tiempos difíciles, tanto que muchos de los más grandes filósofos contemporáneos, como Agamben, Esposito, Nancy, Butler o Zizek, se han dado a la tarea de escribir sobre la temática del momento: el Coronavirus. Ante tal nivel argumental y ante las diversas posturas propias del quehacer filosófico, plantear una reflexión que pueda resultar fructífera podría llegar a ser una tarea titánica. No obstante, intentaremos establecer algunas ideas que quizás nos permitan concientizarnos sobre lo que ocurre en nuestra realidad.

En primer lugar, coincidimos marcadamente con lo que Agamben o Esposito sostienen, pues esta es la oportunidad idónea para admirar el despliegue de las técnicas políticas para tratar de entender mejor lo que ocurre con la vida, a saber, lo que Foucault nos adelantó como Biopolítica.

Sin abundar mucho en esta cuestión, Agamben nos explicaba que, desde los griegos, existían dos formas de referirse a la vida: Zoé y la Bios; la primera que hace alusión a los fenómenos de la vida desnuda, lo que compartimos con otros seres (dioses, semidioses, animales, plantas, bacterias y virus –aunque estos últimos no necesariamente estén vivos–) y la segunda encargada a los fenómenos que envuelven a la vida de un individuo o grupo. No haría falta enfatizar que la biopolítica hace referencia a que nuestra forma de organización social (política) se ha encargado de tecnificar la forma de vida en sociedades humanas (Bios), como ya hemos enfatizado más arriba.

En este escenario es donde podemos observar que esto representa una especie de inversión donde la Zoé (vida desnuda) le ha dado una bofetada a nuestra cuasi "perfecta" organización Biopolítica, poniendo en jaque el sistema económico, social y político. De allí que podamos ver el fracaso de Estados Unidos para contener la pandemia –debido a su carencia de sistema de salud pública–, pero también a su incapacidad de poder frenar los más de 16 millones de desempleados que claman por su seguro ante la contingencia laboral.

De aquí podemos rescatar la preocupación de Esposito (2020a), quien sostiene que esta afrenta permite el despliegue de un doble proceso: por un lado, la medicalización de la política, a saber: que la lucha ideológica se desvanece en aras de un enfrentamiento contra riesgos reales –el Coronavirus en este caso–; y por otro, la politización de la medicina, que se encarga de hacer que la práctica médica se vea obligada a tomar en cuenta los fenómenos contextuales y de recursos con los que cada país debe hacer frente a la pandemia.

En ese sentido, nuestra intención es plantear algunas cuestiones que nos permitan analizar nuestro país y sus problemáticas sociales, a partir de este doble proceso y para ver de qué manera es posible generar conciencia entre los pobladores.

México atraviesa por una transición democrática que lucha contra una hidra opositora que pretende utilizar cualquier fenómeno social y biológico para hacer una crítica sobre las decisiones del gobierno. Así podemos ver a los más acérrimos opositores como el ex presidente Felipe Calderón, a quien no le importa vestirse de feminista, anticatólico, provida o procovid-19, con tal de criticar cualquier decisión que se tome desde los poderes del Estado mexicano.

Pero no sólo es él, sino que podemos ver a Chumel Torres, Dresser o cualquier otro influencer que tienen la necesidad de dictar sentencia, en muchos casos de forma infundada, con tal de sacar algunos likes es sus redes sociales. De igual forma que podemos ver que la prensa opositora también buscará cualquier oportunidad para desacreditar o descontextualizar las declaraciones de López-Gatell y generar ideas alarmistas; lo cual nos permitiría entender que somos victimas de un virus amarillista, que tiende a la desinformación e infundir terror para promover el caos y demostrar que existe un fracaso en el gobierno actual.

Por poner un ejemplo: el día 8 de abril el subsecretario de Salud mencionaba que por cada caso observable y registrado había una cifra de infectados que no se podía comprobar de forma física, pero que con los métodos estadísticos se podría comprobar y, por tanto, se podría prever que de las cifras oficiales habría un número de casos no registrados. Lo cual causó admiración, alarma y descontextualización en muchos de los desplegados que mencionaban que "habría más de 26 mil casos de Covid en México", aun cuando esto sólo era un supuesto estadístico. Y qué decir de la "ingeniosa-ingenua" periodista que se atrevió a preguntar que si los supuestos casos estaban en aislamiento u hospitalizados (esperamos no causar una risotada en el lector, pero en verdad la afirmación resulta sobrada puesto que estos casos son no comprobados de forma real, sino estadística).

En este sentido, podemos observar que aun estamos lejos de poder hablar de una superación ideológica y mucho menos de un frente común contra una contingencia de lo real, ya que la oposición pareciera no entender que estamos ante una crisis biológica y no ideológica.

Sobre el segundo punto, el de la politización de la medicina, podemos observar –como menciona Esposito– que el saber médico ha puesto su ciencia al servicio de la implementación de medidas sanitarias que nos han llevado a ponernos en cuarentena, bajo el lema: "¡Quédate en casa!".

Sin embargo, lejos estamos de poder comprender esta sencilla frase, puesto que muchos mexicanos rompen la cuarentena y salen de sus casas para divertirse en las playas, pasear en las plazas o tener reuniones en las que el riesgo de contagio se vuelve altísimo.

Sea por ignorancia o estupidez, resulta increíble que muchos mexicanos se mantengan escépticos ante la pandemia y que expongan no sólo su vida, sino la de sus seres queridos. Realizando las prácticas descritas y apelando al libre tránsito o a que no hay ninguna ley que lo impida.

De igual forma, están quienes viven aterrados y que pasan su día a día compartiendo compulsivamente cualquier información –falsa o real– sobre el tema. Aun cuando no entiendan nada sobre la información estadística o en materia de infectología, pero que se contentan con entender las cifras que se dicen en los primeros momentos de las conferencias que el gobierno implementa de forma diaria.

Estos ejemplos, que hemos vertido en los últimos tres párrafos, nos permiten ver que la contextualización en el estudio médico resulta complicada, debido a la cultura mexicana y a la necedad que podríamos nombrar como "el virus de la estupidez humana". El cual se propaga desmedidamente y que conlleva a prácticas de riesgo entre los habitantes.

Por último, quizás lo que nos causa más alarma es que la biopolítica se ha visto asaltada por la Zoé, como hemos mencionado, y que aquella se ha visto obligada a hacerle frente a la segunda, implementando el mecanismo de medicalización de la política y politización de la medicina que ha descrito magistralmente Esposito.

Con esto podemos sostener que México está en un escenario que se separa de las políticas sanitarias de otros países, en donde no importa cuántas veces se repita el mantra "¡Quédate en casa!" ni cuantas veces se ponga la caricatura de la heroína "Susana Distancia", pues los mexicanos encontrarán formas de saltar el cerco inmunitario real para imponer sus creencias o para infundir el miedo y el terror con la descontextualización.

En consecuencia, el virus amarillista y el de la estupidez humana son dos enemigos que ni el imperativo de permanecer en casa o el de la sana distancia son capaces de hacerles frente. Lo que nos lleva a cuestionarnos si realmente estamos pidiendo a gritos un Estado de Excepción, donde se supriman las garantías individuales y se sobrepongan los intereses del Estado-nación; lo cual implicaría estar sometidos a la voluntad de los legisladores.

Afortunadamente, el gobierno mexicano confía en que los pobladores lograrán inmunidad ante el amarillismo y la estupidez, para evitar una medida que ponga en jaque a los estados democráticos. Lo que nos lleva quizás a la reflexión más acertada de Esposito, quien señala que no estamos ante una crisis que conlleve a los totalitarismos –aunque existe el riesgo de que esto ocurra–, pues "con respecto a preocupaciones ciertamente legítimas, es necesario no perder el sentido de la proporción. Me parece que lo que sucede hoy en Italia […] tiene más el carácter de una descomposición de los poderes públicos que el de un dramático control totalitario" (Esposito, 2020b).

Entonces: los mexicanos tenemos la oportunidad única de demostrar que somos capaces de estar a la altura de la democracia que por años hemos anhelado y que no sólo compete con que nuestro voto sea respetado, sino con el poder practicar el respeto y preocupación por todos los habitantes de la comunidad. Lo cual implica reconocer las medidas tomadas por el gobierno, promover mecanismos de participación ciudadana y apoyar entre los límites de lo posible para mitigar la pandemia. Quedando la terea urgente de comprender que todos jugamos un rol importante y por ello debemos protegernos y proteger al prójimo.

¿Los mexicanos estamos realmente preparados para superar esta contingencia y demostrar que de verdad merecemos un estado democrático?

Fuentes consultadas:

Esposito, R. (2020a). Biopolítica y Coronavirus. Recuperado de: https://www.filco.es/biopolitica-y- Coronavirus/

Esposito, R. (2020b). Cuidados a ultranza. Recuperado de: https://ficciondelarazon.org/2020/03/13/roberto-esposito-cuidados-a-ultranza/