Política

Covid-19, economía, banca

marzo 30, 2020

Estamos por conocer la verdadera naturaleza de los bancos extranjeros en México luego de que la larga serie de gobiernos neoliberales la enajenaran. Desde entonces, han explotado con codicioso éxito el mercado financiero mexicano. Son estos bancos a los que ahora les corresponde actuar con sentido solidario a la comunidad del país que los acogió.

Hace un par de semanas, La Jornada publicó que durante los primeros 11 meses de 2018 las ganancias de la banca privada sumaron casi 140 mil millones de pesos. Sólo en el primer mes de 2019 la banca extranjera en México obtuvo ganancias netas por 16 mil millones de pesos. Su desempeño y beneficio financiero fue mucho mayor que el de sus matrices.

Las ganancias de BBVA fueron de 52 mil 368 millones de pesos en 2018. En su país de origen registraron una contracción de 47.6 por ciento al cierre de ese año. Esto es, las ganancias de BBVA México representaron 41 por ciento de las utilidades del grupo español, las más altas frente a las filiales de América del Sur, Turquía, Estados Unidos y el resto de Europa.

El grupo financiero Citibanamex, de Citigroup, es otro caso. En nueve años, sus ganancias en este país crecieron 91.1 por ciento según las cifras del reporte anual de 2017.

Todos los bancos cosechan grandes ganancias de las operaciones cambiarias de nuestro comercio exterior que registra más de 900 mil millones de dólares anuales.

Los inmensos y obscenos márgenes de intermediación bancaria, que rondan los 20 puntos porcentuales, son por las altas tasas de interés cargadas a actividades productivas: los créditos agrícolas, industriales, comerciales; a esto hay que sumar los créditos inmobiliarios. Obscenidad que contrasta con el raquítico rendimiento de cualquier inversión en un instrumento bancario.

La doctora Isabel Cruz, directora general de la Asociación de Uniones de Crédito del Sector Social, señala que debe obligarse a los bancos a ofrecer créditos con intereses reducidos y dejar de cobrar las comisiones por los elementales servicios que dispensan en sus miles de cajeros automáticos.

El sistema de pagos requiere remediar la poca bancarización en el país extendiendo sus redes de agencias con criterio comercial, en lugar de promover el desarrollo compartido. Las pymes, que emplean más de la mitad de la población trabajadora, además de las personas de precarios ingresos que viven al día y que están urgidas de atención.

A los bancos privados, especialmente aquellos de matriz extranjera, les corresponde ahora compartir sus astronómicas ganancias acumuladas y contribuir a la recuperación con la extensión de créditos especiales que lleguen a los sectores más estratégicos como los pequeños productores y comerciantes y a los de infraestructura.

Los bancos comerciales gastan en desplegados que anuncian extender plazos de cobro a cuatro o más meses para créditos de consumo, vivienda y comerciales, pero ni una palabra de reducir los intereses que cobran. Las tasas de interés se mantienen pese a que la crítica coyuntura que arrastramos demanda estimular la malherida actividad económica con una acción decidida de la banca privada en consonancia con el Banco de México, que al igual que los bancos centrales de Estados Unidos y europeos, ya redujo la tasa de interés para abaratar el dinero y reforzar el poder de compra popular.

Cosa semejante puede decirse del Banco Nacional de Comercio Exterior y de Nacional Financiera, que tienen pendiente docena de proyectos de financiamiento e inversión cuya revisión y aprobación mucho serviría para destrabar la recesión que sufrimos y cerrar la brecha capitalista que separa a los pocos ricos de los muchos pobres.

Restablecer cabalmente el poder de compra de los gobernados ejecutando con celeridad y limpieza los programas oficiales que acaban de anunciarse en favor de la población trabajadora más necesitada.

Esta pandemia de marras ha trastocado por completo el escenario socio-económico internacional e hizo evidente el imperativo de modificar la actitud de la comunidad financiera en relación con el desarrollo.

Falta por ver si en esta complicada coyuntura, la exitosa banca trasnacional estará a la altura de su responsabilidad social y contribuirá a apoyar con hechos objetivos y significativos la recuperación del bienestar de la sociedad que tan paciente y generosamente ha soportado su ambición.