Política

Enfermedad, pandemia y miedos

marzo 26, 2020

La cultura occidental cristiana ha desarrollado una actitud patológica frente a la muerte, negándola. Al grado de distorsionar la totalidad de la práctica médica que se empecina en mantener la vida con marcapasos, respiradores artificiales o trasplantes. La expectativa de vida se ha extendido por arriba de los 80 años y alrededor de la idea de conservar la vida se cometen todos los días absurdos por mantenerla sin importar el cómo. Esto va desde hospitalizaciones que llevan a las familias a la quiebra, hasta costosísimos tratamientos contra enfermedades fatales que al final del día mueren sin haber disfrutado el tiempo extra ganado a la naturaleza.

El Covid-19 es una gripa que mata a un paciente de cada cien, la gripa común mata uno de cada mil. El cambio de proporciones es significativo desde la óptica de los números relativos, pero no tan dramático. Especialmente si se considera que afecta fatalmente a poblaciones por encima de los 60 años y pacientes con enfermedades existentes.

Se habla en medios del aumento de muertes, cosa normal en una epidemia, pero no de las condiciones previas de esos muertos, salvo en contadas ocasiones. Mientras eso sucede, el mundo se paraliza, crucifican al Presidente mexicano por mantener la actividad económica aunque ralentizada, cuando Europa y Estados Unidos habían decidido "apagarse". Después de vivir en miedo, el presidente norteamericano imita la decisión del gobierno mexicano y "suaviza" las medidas tomadas al principio para reactivar la economía.

Todo esto que pasa es la construcción de una catedral al absurdo, al miedo. Al miedo inducido, al miedo por imitación extralógica.

Es verdad que nadie, o realmente muy pocos, son los que desean la muerte, es lo normal. Pero una cosa es el gusto y disfrute por la vida, y otra cosa es el aferramiento patológico a ésta. Es casi normal que esto pase, es el resultado de un discurso continuado por milenios de negación de la vida. La muerte no es lo contrario de la vida, sino su parte consustancial. Ese miedo crea y justifica industrias. La farmacéutica, que tanto lucra con la enfermedad y el miedo.

La salud es irrelevante, la enfermedad es lo que deja dividendos y el miedo los aumenta.

Hay una intención y juegos mezquinos en todo esto del Covid-19. Sugiere que es tiempo de cambiar de paradigma porque por este caminito las cosas tenderán a empeorar.