Política

Bajeza

marzo 25, 2020

Se dice que en la cárcel y en la quiebra se conoce a los verdaderos amigos y también a los enemigos.

El país no terminado de estabilizarse luego de tres gobiernos desastrosos que lo arruinaron en su economía y debilitaron su estructura institucional. El tamaño del daño justificaría juzgar a tales administraciones federales por traición a la patria. Una malhadada combinación de crisis sanitaria y gobernantes irresponsables han puesto a las sociedades del mundo en una crisis de dimensiones oceánicas. Primero por desestimar el problema en sus primeras etapas; luego, por las decisiones –y no decisiones– con que decidieron enfrentar el problema.

En Italia, España y Francia hay número significativo de decesos. En toda Europa 204 mil 68 personas contagiadas, de las cuales 11 mil han fallecido y 14 mil 572 se han curado. De los fallecidos no se dice cuántos de ellos tenían condiciones desventajosas frente a la enfermedad. Obesidad y diabetes, por ejemplo. Las cifras sugieren que hay una exacerbación del miedo.

México es objeto de atención y escrutinio mundiales por los pocos casos habidos hasta el momento. Sin embargo parece haber en algunos el propósito de degradar y señalar al gobierno de hacer nada. Anuncian catástrofes inminentes y acusan al presidente de irresponsable. Parte suficiente de la sociedad parece compartir tales opiniones y las redes sociales lo expresan. Hay quien afirma que la sociedad mexicana se ha polarizado. Es posible, sí, aunque han quedado exhibidos muchos de los intentos de manipulación habidos en las redes sociales más populares.

De lo que no hay duda es de los muchos opositores con rostro y nombre, algunos, no pocos, están en franca campaña de descrédito, e incluso denostación contra el gobierno y el presidente. Felipe Calderón es de ésos.

Se puede simpatizar o no con el personaje, seguro que habrá quien lo haga, aún después de lo hoy se sabe. Pero no hay duda que el tipo trata de socavar a su gobierno en medio de una crisis mayúscula, que promete complicarse severamente con una paralización económica que agravará aún más la precaria condición de la mayoría de los gobernados. Una crisis de tal envergadura no la enfrenta el país desde la Revolución.

Se puede estar en contra de un gobierno de forma radical, furibunda, pero no se invoca al fracaso de sus decisiones sanitarias porque eso es desear que a todos les vaya mal. Criticar a un gobierno por tomar previsiones –al parecer correctas– desde que empezó dispersión del virus es francamente absurdo. La crisis va a empeorar, eso es previsible, está por verse la efectividad de las decisiones gubernamentales. Pero hasta ahora el país es bastante afortunado. No se puede decir lo mismo de los Estados Unidos.

Pero éstos no son tiempos de discusión, sino de colaboración en una crisis nacional. Punto menos una guerra, sólo que sin balas; puestos en el lenguaje que el ex presidente panista dice entender. Son tiempos de colaboración solidaria, de empatía con quienes tienen miedo y con quienes se les complica la vida por las medidas sanitarias. Son tiempos de responsabilidad ciudadana, personal. Para cuidar de todos y respetar el miedo ajeno, pero no alentarlo. Contener los miedos es hoy materia de calidad y colaboración humanas.