Política

Desinformación en tiempos de pandemia

marzo 22, 2020

En plena época del coronavirus, confluyeron la crisis de credibilidad de los medios convencionales y la profusa, abundante e imparable difusión de noticias falsas en las redes sociales, convirtiendo así a la mentira o las verdades a medias en utilitario instrumento propagandístico que pretende aprovechar cualquier oportunidad –no importando el interés público sino la consecución de réditos políticos y económicos cupulares– para en el camino desinformar y desacreditar las políticas oficiales de contención de la pandemia.

Innumerables ejemplos de ello pululan en las redes. El problema epidemiológico es real y precisamente por ello se aprovecha y se exponen supuestos casos con el propósito de crear un ambiente de miedo, desconfianza y zozobra en el futuro.

Ello explica en parte el tratamiento informativo y la embestida en redes y en medios convencionales que perdieron privilegios y cuantiosas ganancias a las que habían sido acostumbrados por los regímenes panistas y priístas, en contra de la gestión lopezobradorista que, a contrapelo de otros gobiernos que cerraron fronteras y paralizaron sus actividades económicas, pretende darle un manejo distinto. Ya se verá si tuvo razón o no y verdaderamente se espera que las alarmantes cifras anunciadas en relación con el número de contagios y potenciales defunciones se queden en el ámbito especulativo.

Pero volviendo al tema de la crisis informativa tanto en redes como en medios, existe un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Estados Unidos, que comprobó que las mentiras tienen 70 por ciento más probabilidad de ser retuiteadas (compartidas a otras personas) que los hechos reales. La investigación se llama "La difusión de las noticias verdaderas y falsas en línea". Y aunque es un hecho que el uso del Twitter no se ha generalizado al grueso de la población, con seguridad habrá alguien que sí lo haga y retransmita indiscriminadamente lo que vio en esa red. En el caso de que la información sea falsa, ésta terminará siendo propagada de forma masiva logrando su objetivo de provocar angustia, desinformación e irritación social, al grado que vimos las compras irracionales de papel sanitario.

¿Qué le queda a la gente? Para comenzar, informarse a través de medios confiables, las conferencias que las autoridades de salud pública transmiten en vivo o páginas oficiales y seguir las recomendaciones de estas instancias con respecto a los cuidados personales y grupales que se debe tener. Y sobre todo, mantener la calma, discriminar y tamizar cualquier información antes de darla por hecho y replicarla, sea en las redes o como comentarios en los grupos sociales.

Hay que recordar que el peor enemigo a vencer es el miedo y este puede ser lesivo de muchas otras maneras que la propia realidad.