Rotundas
marzo 11, 2020 |

Se ausentaron pues las mujeres por un día de la vida en sociedad, luego de tomar las calles para dejar su impronta a su paso. Hubo daños, sí. Y muchos, sí. Hubo vandalismo en el sentido estricto, sin calificar, solo describir. Sí. Hubo peligro con botellas incendiarias, porque por fortuna no saben hacer una molotov. Sí, y afectaron a una colega reportera. Que hubo muchas que exigían la renuncia del Presidente, sí. Pero quien se quede en eso, en la censura, en criticarlas porque un puñado de radicalizadas querían romperlo todo, o quienes ven conspiraciones antigubernamentales y la acción perversa de resistentes neoliberales embozadas de movimientos reivindicatorios de cualquier cosa, que en efecto es, y ahí está, es que no entiende de qué va el mensaje de las mujeres.

Esto es algo mucho más trascendente que una marcha contundente y un paro que dejó ver apenas un asomo de lo que es fuerza en acción y en potencia.

No hay discusión posible. Los gobiernos deben hacerse cargo ya, hoy, de hacer lo necesario para desparasitar a todo tipo de colaboradores que tengan trato con mujeres. Policías y ministerios públicos. Porque cuidado que ha habido casos muy recientes de exhibición de la clase de sociedad en que nos hemos convertido por los niveles de degradación misógina en que hemos caído.

Esto que ha pasado es necesariamente un punto de inflexión en la relación gobernante- gobernados. Las mujeres hablaron y demostraron su fuerza. La demanda es la misma siempre, no importa la posición o ideología política. Los hombres deben hacerse cargo de una buena vez de que en este país a las mujeres se les mata o violenta y casi siempre pasa absolutamente nada.

Más vale que los gobiernos escuchen y se apliquen. Lo mismo los diputados y diputadas. De aquí deben de salir políticas públicas concretas con perspectiva de género. Se trata de específicamente dirigir la intención del gobierno a corregir y compensar las distorsiones patriarcales de un Estado que está en pleno proceso de reconfiguración.

Cosas como éstas son esperanzadoras, aún en tiempos en donde se caen los precios del petróleo y somos sujetos de estímulos paranoicos como el Covid-19, que ya lleva sus muertos y el mundo enloquece y se caen las bolsas, y todo esto parece la pesadilla perfecta y, con todo y pese a todo y todas las críticas, el lunes no se reprimió a nadie. Son otros tiempos. No está nada mal.

Y ha quedado claro en nivel de convencimiento fanático de algunos católicos Provida. Falta por ver lo que hacen en concreto los tomadores de decisiones en los tres poderes.

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