Política

Con tiento

febrero 15, 2020

Como la película de Fellini de los años 80, Y la nave va, maledicentes y escépticos tendrán que contener sus impulsos mientras pasa la primera oleada de euforia por la detención de Emilio Lozoya, ex director de Pemex, y hombre clave en el esclarecimiento del sistema corrupto de complicidades que gobernó el país por más de tres décadas continuas. Un régimen que mientras duró, hizo del Estado mexicano un Estado criminal. Una cáfila de petimetres tecnócratas de ignorancias supinas comparables sólo con el tamaño de su venalidad. Lo que estos petimetres hicieron en alianza al país se llama traición a la patria. Y va mucho más allá de cualquier tipo de corrupción que el país haya podido conocer en toda su historia. Y eso es mucho decir porque la presencia de la corrupción en todos los regímenes desde la Colonia ha sido la variable determinante para la explicación del desempeño institucional del país. Salvo en dos periodos: el gobierno juarista de la Reforma y la Invasión francesa, y éste.

Hay tres personajes claves del entramado que están en la cárcel: Rosario Robles, Juan Collado y Emilio Lozoya.

El abogado de Emilio Lozoya, Javier Coello Trejo, ha dicho fuerte y con claridad que Lozoya no se mandaba solo. En efecto, pero el hecho que lo diga el abogado debe de poner muy nerviosos al resto de la fauna ex gobernante que daba instrucciones a Lozoya. Peña Nieto, desde luego, pero también Videgaray. En 2012, unas horas antes de asumir como Presidente de la República, Enrique Peña Nieto nombró a Emilio Lozoya Austin como director general de Petróleos Mexicanos (Pemex), cargo que desempeñó hasta 2016, y que a la postre sería un actor estratégico dentro del Pacto por México al impulsar la reforma energética. Quejosos y críticos irredentos tendrán que procesar el hecho de que, pese a todo, el gobierno actual está dando cumplimiento cabal a sus compromisos de campaña, a su principal preocupación: desmontar las estructuras de la corrupción.

Está muy bien y es alentador, pero también peligroso. Pasa que se afecta la urdimbre de intereses venales con el que han saqueado y, literalmente, devastado al país.