Política

La Guardia

febrero 13, 2020

El asunto del asalto a los cuarteles de la Guardia Nacional y la Fuerza Civil al sur del estado fue una provocación. La secuencia misma de los hechos lo revela. Ahora, vista la seguidilla reactiva de notables panistas que intervienen para describir al estado como el de peores condiciones y más violento del país, la hipótesis se fortalece. El secretario de Gobierno aporta información de la procedencia de los rijosos que violentaron los cuarteles, una operación de rutina: se contrata a un pequeño grupo de hombres y mujeres lumpenizados suficientemente rijosos y aguerridos para ir a provocar a hombres armados, con la esperanza de sacarlos de su equilibrio y provocar un intercambio de golpes y de que, eventualmente, se dé un hecho de sangre del cual tomarse para descalificar al gobierno.

Esta vez las cosas se mantuvieron en parámetros manejables, pero no siempre es así.

El abigarramiento de intereses ilegítimos del régimen anterior ha dejado una condición institucional bastante debilitada. No es el caso de la Guardia Nacional.

Ésta, junto con las otras escenas rijosas que ha habido, invariablemente van acompañadas por los alterados señalamientos de los partidos medidos en el circuito de las provocaciones.

Ése parece ser el tono con el que se pretende establecer el diálogo. Nada que hacer, en realidad no se pretende nada excepto el generar diferendos. Pero es causa para inquietarse. ¿Será posible con esos interlocutores encontrar un terreno común donde ventilar las ideas de país que debe ser construido?