Política

Editorial

febrero 11, 2020

Parte importante de la burocracia estatal ha manifestado su inconformidad, junto con campesinos, al Gobierno del Estado por apoyos que éste prometió y que no ha cubierto. En la ciudad de Veracruz, las oficinas del SAT hace varios días fueron tomadas. Se quejan también de haber recibido malos tratos. Posiblemente, pero es difícil de verificar, además de sustraerse a la subjetividad de lo que debe entenderse por malos tratos.

Funcionarios gubernamentales sugieren que las protestas son inducidas por grupos de interés en el estado. También es posible. En todo caso las protestas tienen una base de verosimilitud innegable.

Los derechohabientes del Issste protestan por falta de medicamentos y de ser tratados con arrogancia. Cosa que también puede ser verosímil.

Hay razones para la irritación de los trabajadores y de los derechohabientes. El desmontar las estructuras de complicidad corrupta tiene sus costos, uno de ellos es la fluidez burocrático-administrativa.

El gobierno morenista ha ralentizado el ritmo administrativo por el imperativo de revisar no sólo los procesos, sino la racionalidad en las que se fundamentaron las decisiones de dos gobiernos referenciales por su naturaleza esencialmente inmoral.

Hay razones para la irritación, es verdad. Pero sobre todo hay razones para pensar que tales descontentos son incentivados por operadores del viejo régimen. Básicamente el mismo esquema marrullero y políticamente inmaduro, onanista dirían algunos, de dejar un alfil personal a fin de inmovilizar a la institución investigadora judicial. Cosas de la idiosincrasia política aborigen.