Política

En asuntos de iglesias, cautela

febrero 10, 2020

Es de reconocerse que el clero veracruzano se preocupe por la niñez y las demás víctimas potenciales de los depredadores que hay en sus filas. Es una auténtica novedad, durante décadas se plegó cómplice a la política depredadora de silenciar a las víctimas, obstruir las investigaciones de los casos conocidos, presionar para que sus curas depredadores no fueran perseguidos y a la franca protección de ellos, cambiándolos de parroquia cuando la situación se hacía pública. México ha sido un país paradigma de la protección al clero depredador, en buena medida por las presiones y cabildeos de poder hechos desde el mismo clero para proteger a sus abusadores de niños. En Veracruz hay varios. Hará poco menos de 11 años de aquel penoso caso de pornografía infantil coleccionada y distribuida por el sacerdote católico Rafael Muñiz, de la capital del estado. Personaje que se hacía llamar en las redes "lobo siberiano". Fue detenido en flagrancia con muchísimo material pornográfico con menores en su casa. El padre Rafael Muñiz López fue detenido en Xalapa, junto con su hermano, y ambos fueron trasladados al Distrito Federal, en donde permanecieron arraigados durante 60 días.

Al término del arraigo la PGJDF dejó en libertad al hermano, pero consignó al sacerdote ante el Juzgado 44 en Materia Penal con sede en el Reclusorio Norte. Siete meses después de su detención un juez federal concedió al sacerdote un amparo en contra del auto de formal prisión y ordenó al juez 44 Penal del fuero común que emitiera una resolución que no incluyera los delitos graves, lo cual fue confirmado por el Noveno Tribunal Federal. Ése mismo juez decidió utilizar su propio criterio jurídico para interpretar estos fallos del Poder Judicial Federal y decidió conceder la libertad bajo caución al padre Rafael Muñiz López. De ése nivel.

No había ninguna duda de que incurrió en el delito de pornografía infantil, pues en sus computadoras de la Iglesia y de la Universidad de Xalapa almacenaba imágenes de menores desnudos y realizando sexo explícito.

El clero católico, obedeciendo una instrucción de 1962 conocida como Crimen Sollicitationis, protegía a sus delincuentes cambiándolos de parroquia. El clero veracruzano siempre se mostró especialmente empeñoso en cumplimentar la instrucción es delatora sintonía con la postura de otro jerarca impresentable, Norberto Rivera Carrera. Desplegó entonces buena parte de sus artes cabilderas para mover los hilos del poder corrupto y proteger a su sacerdote depredador, Rafael Muñiz.

Por qué no, ya puestos en éstas, avanzar en que el clero dé muestras de que su preocupación por la infancia es sincera, y explicita qué hará con sus pederastas denunciados, con los próximos y cómo es que la Iglesia va a proteger a los niños. ¿Con qué decisiones, con qué consecuencias habrá para los nuevos casos? En efecto, parece, haber una nueva aproximación vaticana para los asuntos de depredación sexual clerical; faltan cosas por ver para decidir qué tan sincero es el cambio de tónica. De lo que sí hay razones para dudar y reclamar es que hasta hace poco revelaba en el clero veracruzano.