Política

Traidores

febrero 08, 2020

La crisis de los productores de café tiene décadas, desde que en 1982 se le impusiera al presidente mexicano quien habría de ser su sucesor como consecuencia de la nacionalización de la banca del primero de septiembre de 1982, hecha por López Portillo.

El FMI y Banco Mundial presionaron fuertemente para imponer como sucesor a un presidente disminuido por sus frivolidades. Impusieron a un tecnócrata financiero. Así dio inicio lo que habría de ser el periodo más oscuro de la era moderna de México, el neoliberalismo. Y eso no es poco decir. La corrupción oceánica vivida durante casi 40 años en nada se parece a la proverbial corrupción post revolucionaria. La corrupción neoliberal es de niveles abrumadores, en algunos casos equiparables a la traición. Es el caso del sistemático abandono de Pemex para justificar su eventual venta. Casi lo logran.

A los productores de café y al café como bien generador de divisas por la demanda de buen grano en varios mercados del mundo, se les abandonó casi por completo. El Instituto Mexicano del Café, oficina gubernamental con la tarea de fortalecer la producción y comercialización favorable del producto nacional, y a los productores mexicanos, se les abandonó dejándolos a merced de las multinacionales alimentarias: Nestlé, corporativo cuyo CEO hace unos años argumentaba que el agua no tenía por qué ser un bien público sino privado.

Se duele ahora el empresario Bueno Torio de que el gobierno federal cancelara el flujo de recursos al campo. El reclamo es intencionadamente impreciso. Lo que ha hecho el gobierno es cancelar la imbricada urdimbre de recursos gubernamentales que se destinaban al apoyo de los productores nacionales en virtud de las inmensas distorsiones para la asignación de los recursos. La corrupción y total falta de compromiso de los gobernantes de las últimas con los intereses nacionales se acerca mucho al concepto de traición a la patria.

Es relativamente fácil visualizar el gigantismo de la corrupción neoliberal, basta con haber seguido la saga de las dificultades para vender el avión presidencial, el cual terminará por ser rifado el 15 de septiembre.

Habrá quien se duela del manejo político que se ha hecho del asunto, a otros les parecerá magistral. Lo cierto es que el affaire del avión deja al desnudo la naturaleza de los últimos cuatro gobiernos federales, lo que implican las racionalizaciones neoliberales de que para repartir el ingreso nacional primero hay que aumentarlo significativamente. No lo aumentaron, el país tiene las mismas décadas de estancamiento, pero sí se apropiaron en más de un sentido de los bienes y riquezas públicas. El gobierno dice que no perseguirá a nadie por iniciativa propia. Es su dedición. Pero el reclamo público para que se rindan cuentas de lo hecho es generalizado. La Fiscalía es independiente, lo mismo que el Poder Judicial, y los gobernados merecen saber los detalles y atestiguar el castigo a los perpetradores del saqueo.