Política

Degradados

febrero 07, 2020

Si algún acto adicional de venalidad se precisaba para asentar –sin espacio para la duda– la venalidad de las actuales autoridades electorales, ése ha sido el otorgamiento del registro como partido político a la invención de Felipe Calderón y su esposa, "México Libre". El hecho demuestra varias cosas, entre otras, el uso cínico e impune del lenguaje. Que un sociópata del tamaño del ex presidente, después de la decadencia violenta y corruptora en que metió al país, haya obtenido la patente para una organización política partidaria, es un afrenta al respetable y a los miles de deudos y víctimas de la violencia de los últimos 12 años, aunque en realidad son más si contamos los tres últimos años de V. Fox. Habrá que entender que para las presentes autoridades electorales, la historia y las abrumadoras pruebas de colusión con una facción del crimen organizado no son razón para contener su apego a la abyección. Una cosa no tiene que ver con la otra, dirán. Son lógicas y conjuntos distintos, peras y manzanas.

Mienten. Pero el hecho deja claro que, más allá de plataformas políticas y concepciones encontradas, las décadas de administraciones neoliberales socavaron al país en más de un sentido. No sólo en la devastación económica y social, sino extraviado en principios orientadores colaborativos. El individualismo exacerbado de la ideología neoliberal y un modelo educativo que canceló la enseñanza de valores colaborativos produjeron una vasta fauna de aberraciones de pretensiones intelectuales y políticas, que se enquistaron durante demasiados años en el ámbito de la toma de decisiones. Los costos han sido prohibitivos, desde la prueba PISA que homologa las mediciones de un modelo educativo enfocado a la adquisición de habilidades para el trabajo, ajeno a la formación en valores de convivencia, hasta la cancelación definitiva de la enseñanza escolarizada de esos valores vinculados a la historia nacional; es decir, la enseñanza del civismo, entendido éste como el conjunto de normas de convivencia social y política que facilitan y refuerzan las relaciones colaborativas en el marco de la experiencia e historia nacionales.

Quedó clarísimo en el caso de las fechas históricas en días laborales. Se celebran obligatoriamente en el calendario cívico, pero el sentido práctico de la vida y la administración laboral decidió juntar las fechas con el fin de semana anterior de tal suerte que se tenía un tres días de asueto sin interrumpir a la mitad la semana laboral. Sentido práctico de la vida, le llaman.

Las fechas históricas se recuerdan por el sentido integrador y formativo que tienen, no porque extiendan el descanso de fin de semana. Regresar a la observancia por las verdaderamente significativas es reforzar el terreno común que nos identifica como connacionales. Si tales valores estuvieran claros, no se atreverían, quienes lo hacen, a resistir la lógica de etiquetar claramente las consecuencias de consumir productos alimentarios hiperprocesados.