Política

La República, ante la esperanza de justicia divina

febrero 03, 2020

Un día del mes de julio de 2018, 33 millones de ciudadanos mexicanos despertaron para intentar cambiar el desarrollo político, económico y social de la nación y, tal parece que por ensalmo todo cambió-.PRI y PAN-, dos partidos hegemónicos cayeron de la gracia y se refundieron en el desprecio de la historia, quedando la resaca que es más peligrosa que la tormenta.

Ahora se vive un sentimiento de responsabilidad, pero la resistencia al cambio no se rinde; heridos como están sacan fuerzas de sus flaqueza para hacer que no nazca lo nuevo y viva de nueva cuenta la corrupción , impunidad, - derramar más sangre- en su insaciable afán de mantener el estatu quo que por tanto tiempo zahiero a la república, en tanto un hombre, como el solitario de palacio, todos los días de la semana, hace su tarea, con el mejor de los esfuerzos, sin arredrarse ante la embestida que surge por todo los sitios, de lo que son capaces quienes medran con la pobreza y la miseria de la patria que se hunde.

Nada duele más que ver, cómo los insaciables y voraces mercaderes de la política siguen haciendo su agosto, porque tienen cooptados a sus perversas y anacrónicas instituciones, lo mismo el poder ejecutivo que el legislativo y judicial , aunque el primero ha marcado su línea , en tanto los otros, se niegan a resignarse para vivir en la medianía que tanto recomendó Juárez y que Morelos, propugnada el moderar la opulencia con la indigencia, pues se acostumbraron a la abundancia.

Así vemos que, en la privatización de las cárceles se engendró el gran negocio de los cochupos más infames que, con el pretexto de hacer justicia, llenaron las prisiones inocentes para los culpables sigan siendo los mismos de siempre y se hicieron los grandes negocios en donde están inmersos, si no todos, casi en su mayorías, aquellos contratistas que hoy se quejan de que no hay crecimiento que es sinónimo de acumulación de riquezas.

La injusticia se enseñorea, pese a lo que se dice, porque el gobierno federal no ha logrado destrabar el andamiaje de la corrupción e impunidad por constituir una hiedra de mil cabezas que ,tan pronto se corta una parte, se extienda por el otro, como hongo putrefacto y endiablado.

Una prueba elocuente lo constituye los recientes actos de opacidad en el caso de dos ministros de la Suprema Corte de Justicia de la nación, por un lado Medina Mora que

renuncia de manera indigna y que nada sabemos sobre su conducta de acumulación de la riqueza, porque solo se sabe que sus bienes han sido incautados por la Unidad de Inteligencia Financiera , -pero no conocemos los motivos-, sin embargo , se sabe que jugó un papel especial en el caso de Atenco donde varias mujeres fueron violadas y pese a la sentencia de la Corte Interamericana, no se ha visto que florezca la justicia, es decir, que se haya judicializado su responsabilidad y menos en el caso del ministro Pérez Dayán que en contravención a lo que dispone la ley que reglamenta las acciones de constitucionalidad y controversias constituciones, concede una suspensión a la ley de remuneraciones de los servidores públicos que señala que nadie debe ganar más salario que el presidente de la república como lo prevé el artículo 127 constitucional, ello en detrimento de la economía nacional, sin que observemos que caso de esa gravedad haya sido ventilado en el senado de la república que, como ayer, es tapadera de la impunidad.

Lucha titánica que libra el presidente López Obrador en contra de los abusos y privilegios del pasado, sin embargo, las resistencia son tales que en solitario, tendrá que desgañitarse por las mañanas para instituir que la pobreza de la nación, descansa en la riqueza de la minoría que acumula todas los bienes y privilegios

No es cierto que si llueve a arriba, el pobre se moje y de ser así, seguirá condenado a su desgracia.

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