Política

Modelos, historia y sufrimiento industrializado

enero 27, 2020

Hoy se cumplen 75 años de la liberación del campo de concentración, trabajo esclavo y aniquilación de Auschwitz Birkenau, quizá el más famoso de los campos de exterminio nazis. Hace apenas unos días, el 22 de enero, la Unesco celebró el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

Auschwitz fue el campo de concentración y exterminio más brutal y masivo de los instalados por el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Según cifras del Museo del Holocausto, un millón 100 mil personas fueron asesinadas en ese campo, uno de los cuatro que el régimen encabezado por Adolf Hitler instaló en el territorio que ocupó fuera de Alemania.

Más de un millón de esas víctimas fueron judíos. También fueron asesinados polacos no judíos, prisioneros de guerra soviéticos, homosexuales, gitanos y testigos de Jehová. El campo, compuesto por tres complejos principales y con alrededor de 40 "sub-campos", empezó a funcionar como sitio de concentración, trabajo forzado y exterminio en 1940. El 27 de enero de 1945 tropas soviéticas liberaron Auschwitz. El horror del nazismo estaba por revelarse al resto de la humanidad. Con ello habría de ponerse un nuevo estándar en la capacidad humana de hacerse daño a sí misma.

Además de Auchwitz, hubo cuatro importantes campos de exterminio: Belzec, Chelmno, Sobibor y Treblinka, dedicados exclusivamente a matar a cualquiera que pasaba por sus puertas. Treblinka casi igualó a Auschwitz por el número de personas que fueron asesinadas allí.

No es poca cosa el tema ni traerlo a la memoria. Pese al brillo de la oferta de distractores, entretenimiento y nuevas tecnologías, vivimos tiempos muy oscuros donde la ignorancia y el analfabetismo son abrumadores. Esto, junto con la malhadada combinación de indiferencia e incredulidad de los electores en el mundo, ha hecho posible que arriben al poder y a la esfera de la toma de decisiones definitorias para la especie personajes francamente impresentables, no tanto por la bazofia conceptual de su ideología e inclinaciones políticas, como por sus francas limitaciones intelectuales.

Donald Trump, el presidente norteamericano, y Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, son no sólo expresión de la radicalización hacia la derecha del sistema de dominación vigente, sino que son constatación empírica del ascenso al poder de la estupidez. Trump, un presidente que ha sido capaz de normalizar y hacer aceptables las manifestaciones racistas del Ku Klux Klan y los dichos de su líder David Duke; o Bolsonaro que hace un par de días comentaba casi complacido que "el indio es cada vez más casi un ser humano como nosotros". No son los únicos gobernantes de esa calaña que recuerdan las lógicas nacional socialistas, ahí está Netanyahu, lo más cercano a un nazi judío empecinado en exterminar del territorio palestino a los palestinos.

Recordar las delirantes pesadillas que la Humanidad puede provocarse a sí misma tiene un propósito didáctico, debe enseñarse el costo de las malas decisiones democráticas. Porque Trump, como Bolsonaro, Mussolini o Hitler, llegó al poder por la vía democrática. Los pueblos votaron por ellos porque creyeron su manipulada versión de los hechos y por miedo. La derecha extrema, como el neoliberalismo, se alimentan de miedo. Crecen y se fortalecen en el miedo. Por eso no es poca cosa que, tan cerca de Estados Unidos, México tenga un gobierno en el polo opuesto. Anti sistémico y con una conciencia muy clara de las razones éticas del Estado.

En los campos de exterminio adicionales a Auchwitz, se mató también a un enorme número de gente: entre 870 mil y 925 mil personas, en Treblinka, Polonia; 170 mil murieron en Sobibor; al menos 152 mil fueron asesinadas en Chelmno, y más o menos 434 mil 500 judíos fueron asesinados en Belzec; en total, unos 6 millones de judíos (y varios miles de personas más) murieron en el Holocausto.

Las consecuencias de la implantación del neoliberalismo en los ochenta ha puesto a la Humanidad frente a escenarios de miseria y sufrimiento similares a los horrores nazis. Palestina hoy, por ejemplo.