Política

Sociopatías

enero 23, 2020

Hace mucho tiempo que la sociedad mexicana se ha configurado bajo los criterios del catolicismo y la mentalidad patriarcal. Es algo que ha quedado marcado como fierro en la frente tanto por las actitudes cotidianas, como en los reflejos íntimos con los que responde. El resultado de ello ha sido la formación de una sociedad misógina muy preocupante por sus consecuencias mortales.

En México, las mujeres mueren con normalidad por el sólo hecho de ser mujeres. No es casual que un estado de la República, Tlaxcala, sea considerado la capital mundial de la trata de mujeres. De todos los estados de la República, Veracruz, junto con Chihuahua, sobresale por su fatal letalidad contra las mujeres. En el primer año de ejercicio gubernamental de esta administración hubo más de 150 asesinatos de mujeres. Razón suficiente para concluir que las acciones tomadas por esta administración han sido insuficientes por lo menos para atemperar la tendencia. Es natural que las mujeres del estado le señalen al gobierno que su aproximación al problema ha fracasado. "Cero tolerancia", le llamaron.

Si ha habido algún tipo de coordinación y toma de decisiones ejecutivas específicas para combatir el fenómeno, hay razones para afirmar que han fracasado. La violencia contra las mujeres no ha disminuido en el estado. Es normal. No es un problema policiaco ni de seguridad pública, es un problema sistémico profundo que tiene que ver con una formación y concepción de orden social profundamente misógino y, en consecuencia, sistémico. La sociedad tiene que ser reeducada en su trato con las mujeres.

No ha quedado claro cuáles han sido las medidas específicas de la llamada política de cero tolerancia, cualesquiera que sean es claro que han sido insuficientes. Lo cierto es que independientemente de las decisiones de la estrategia, el problema es sistémico, de raíces profundas, y dado en un contexto que lo exacerba. Son los costos de la violencia de dos gobiernos que en sus respectivas gestiones oscilaron entre el fascismo y la estupidez.

La sociedad veracruzana tiene que ser reeducada y, para sanearse, tiene que ser deliberadamente inducida a desmontar los resortes del patriarcado. Eso implica no sólo acciones amplias de información y motivación, sino programas específicos en la formación escolarizada básica. A estas alturas, todos los estudiantes del estado deberían estar sometidos a contenidos educativos que refuercen el mensaje del respeto a las mujeres y en valores que desmonten la mentalidad patriarcal. Lo mismo en los mensajes hacia la sociedad. La sociedad veracruzana tiene que ser reeducada.