Política

"Código penal asesino"

enero 20, 2020

Desde que llegó a territorio mexicano durante la Conquista, la Iglesia católica mexicana ha sido baluarte de dominación y conservadurismo a ultranza. Salvo las contadas excepciones de religiosos individuales. Méndez Arceo, obispo de Cuernavaca en los años 60 y 70; Samuel Ruiz, obispo de San Cristóbal de las Casas, cuando la revuelta zapatista, y el padre Solalinde, con su defensa de los migrantes centroamericanos, la institución ha cobijado las posiciones políticas y sociales más reaccionarias y de dominación.

Así fue durante toda la Colonia con la Inquisición; durante la Independencia, torturando y ejecutando independentistas, Hidalgo y Morelos, entre ellos; y durante la revolución. Fue promotora de la contra revolución armada conocida como la Guerra Cristera, cobijó al quintacolumnismo nazi desde los finales de los años 20, hasta finales de los 30, en la preguerra, y durante toda la Segunda Guerra Mundial, y ha protegido criminalmente a sacerdotes pederastas y abusadores de mujeres durante el muy largo y fatídico papado de Juan Pablo II. Ahora, acusa de "asesina" la decisión del gobierno federal de despenalizar el aborto como política de salud pública. La Iglesia puede condenar y descalificar lo que le venga en gana, siempre lo hace, pero difícilmente tendrá un impacto significativo en la opinión pública. Tratará, eso sí, de hacer "manita de puerco" a los diputados locales, a la hora de procesarlo en los estados, y probablemente con algún éxito en las entidades conservadoras del Bajío.

Lo cierto es que lo que opine o haga el clero mexicano ultramontano es irrelevante, salvo porque ralentiza algunas veces las cosas, es la razón por la que ha perdido tal cantidad de fieles y audiencia. Dice el clero que se ponen en riesgo los derechos humanos; falso, se respeta el derecho a decidir de las mujeres hasta antes de 12 semanas de gestación.

Los católicos, especialmente las mujeres, decidirán de acuerdo con su conveniencia y código de conducta, pero si una mujer decide acogerse a su derecho, lo hará ahora en las mejores condiciones, sin amenazas, sin clandestinidad y espanta cigüeñas improvisados.

Pero no extraña, la Iglesia Católica es el paradigma de la institución del patriarcado y su guerra histórica contra las mujeres es patética.