Política

El estado de las cosas

enero 16, 2020

En la entrevista mañanera de ayer por la mañana, el periodista Jorge Ramos cuestionó al presidente López Obrador sobre los insatisfactorios resultados en materia de seguridad pública. Al tiempo, en su informe correspondiente al 2020, Human Rights Watch sostiene que "las violaciones de derechos humanos perpetradas por miembros de las fuerzas de seguridad –incluyendo tortura, desapariciones forzadas, abusos contra migrantes– han continuado" y la "impunidad sigue siendo la norma".

La presión impuesta por la amenaza norteamericana de elevar impuestos a las importaciones de México obligó a utilizar a la Guardia Nacional para controlar, o por lo menos, ralentizar, el flujo migratorio centroamericano hacia los Estados Unidos. Por otro lado, el Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo (CDHNL) difundió un video en el que muestra nuevos elementos para respaldar su versión de los hechos ocurridos el 5 de septiembre pasado, que derivaron en la muerte de ocho personas; el gobierno estatal dijo que se trató de un enfrentamiento y el CDHNL asegura que fue una ejecución. El asunto lo investiga ya la ONU. Los familiares de las víctimas reclaman que la FGR atraiga el caso. Y es que sí, en efecto, el número de personas fallecidas por violencia criminal es más alto que en cualquier año del régimen anterior y la violencia aleatoria sigue presente.

Es comprensible la frustración de los gobernados sobre los resultados de un gobierno en el que pusieron tanta esperanza, pero lo cierto es que el tamaño del problema es monumental y las inercias sistémicas no se frenan de inmediato.

Es como parar un barco o un tren, la inercia acumulada sigue empujando hasta que la fricción le resta fuerza.

La corrupción acumulada en los gobiernos neoliberales desde el salinato es pantagruélica, pero lo sucedido en el sexenio de Enrique Peña Nieto es demencial. La descomposición y quiebra del Estado fue completa. No es exagerado cuando se afirma en este espacio editorial que se precisa refundar de la República institucionalmente sobre la base de un nuevo pacto legitimador avalado por todos, no sólo por la facción vencedora y sus aliados.

En su respuesta, precisa y autocrítica para algunos, el Presidente se comprometió a que el primero de diciembre, día del informe de gobierno, entregará resultados distintos.

Lo cierto es que resulta peregrino suponer realmente que basta cambiar de gobierno para que el sistema cambie de rumbo. Se precisa tiempo y los factótums del régimen neoliberal operan tras las líneas.